Hordas de zombies imaginarios en Praga.

“Acá me da la sensación de que en cualquier momento o aparece un tanque de los nazis o una horda de zombies como en The Walking Dead…”

Estas fueron mis palabras exactas para describirle a mi padre la primer impresión que tuve de Praga.

Llegué por la mañana súper temprano y tenía que tomar un bus, después metro y luego otro bus hasta el hostel.

Como bienvenida y para empezar, el checo es un idioma con el que no estoy en absoluto familiarizada, ni una palabra, NI UNA!!! Tiene caracteres diferentes…Todo mal! Hablo inglés fluido desde que tengo memoria (entre otros idiomas que aprendí con los años) es muy frustrante para mí no poder comunicarme!!!

Además, descubrí que Praga (o quizás la República Checa) no es un país que celebre recibir turistas, o esa impresión me dio. No es un lugar ‘tourist friendly’. No hay carteles en otros idiomas, al menos para orientar a los turistas, no toda la gente te ayuda – ni intenta ayudarte- y las máquinas expendedoras de billetes en Praga están en checo, pudiéndose en teoría cambiarse al inglés, pero una vez cambiado al inglés tampoco es que quede recontra clara la utilidad de cada uno de los boletos. “Saco el más barato y bueno, al menos puedo abrir las puertas y subirme al metro”. Supe más tarde que ese billete me servía para viajar durante todo el día, y yo saqué uno para cada viaje. Genial. Todo esto sumado a que la República Checa no está en la zona Euro, por lo que encima de todo como la guinda del pastel, tuve que cambiar dinero, yuju!!! (Lo bueno que saco de esto es el poder decir que si yo concluí a priori que el billete más barato me servía para un solo viaje es porque era bastante más barato que el billete sencillo de Barcelona, ‘algo bueno’ depende de donde se mire, porque de acá a que vuelva a Praga puede pasar un tiempo!).

Mirando el mapa valoro la distancia que hay desde la estación de metro hasta el hostel, porque era de día y pensé, como siempre, que sería mejor caminar para ‘ver algo’ y conté: “Una…Dos…Tres…Qué serán? Quince cuadras? Va, voy caminando”

No hace falta decir que no era tan cerca, no?

Facepalm

*Facepalm!

Praga está dividido en distritos numerados al mejor estilo Los Juegos del Hambre. Mi hostel estaba en el distrito tres. No sé las divisiones exactas, lo que sí sé es que el distrito número uno es el central, donde está toda la chicha por así decirlo, igual que en Los Juegos Del Hambre. Y si seguimos con la analogía, digamos que los distritos, a medida que se alejan del central, están…’Peor mantenidos’, por decirlo de alguna forma.

Habituada a las ajetreadas ciudades europeas, Praga se me hizo desolada, deshabitada, varada en el tiempo. Recuerdo pensar que los semáforos eran lo único que se movía. Todo muy raro, quizás era muy temprano? Creo que lo fundamental aquí es que la República Checa es parte de lo que luego de la Segunda Guerra Mundial se consideró Europa del Este, un lugar nuevo para mí, y que nunca había ni siquiera pensado que podía ser diferente -inculta de mmm…-. Resulta que sí lo es, y mucho. Hay tantas cosas que ignoré por tanto tiempo, de esto me dí cuenta en Berlín, de mi falta de atención en temas que yo pensaba que no me afectaban en nada. Si querés leer mis posts sobre Berlín podés empezar por acá.

Calle Praga_1

La calle del hostel, cortesía de mi amigo Google Maps.

El desarrollo económico post guerra fue mucho menor en los países del oriente de Europa, y eso se nota muchísimo. Acostumbrada a ciudades como París, Londres, o mi propia Barcelona, cuando llegué, Praga parecía un lugar en el que la gente estaba escondida porque acababa de sonar la sirena de bombardeo inminente. Esto es fruto de mi imaginación, claro, la ciudad es preciosa, y tiene mucho que ofrecer, es una comparación simplista que hago y seguramente radicada en las imágenes que tengo grabadas en mi mente de películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Bueno, en la periferia de Praga perfectamente se podría filmar hoy una de estas películas y no cambiar casi nada. Aunque pensándolo, en la periferia de Londres también… Solo que por algún motivo Praga me dio más esa sensación.

Edificio en Praga.

Edificio en Praga. Cortesía de Google Maps.

Empecé a caminar, de la estación de metro Flora hacia el hostel, o hacia lo desconocido que es más o menos lo mismo porque me invadiría una sensación tan rara, como que me estaba metiendo en un lugar que no tenía que estar…

La estación de metro Flora en el mapa parece estar como en la esquina de un parque. Lo que no dice en el mapa que no es un parque común y corriente, sino que es un cementerio, cosa que me enteraría al pasar por el costado de unas lápidas. Buena jugada, Praga, nunca me habían dado una bienvenida así. No me animé a entrar, no sé por qué, no es que el cementerio en sí me diera miedo, sino que era la desolación general. Me dije a mi misma que volvería, el cementerio me parecía interesante, era lindo, un parque precioso, solo que en ese momento mi tripa me decía que no. Entre que parecía que en cualquier momento me iba a aparecer una horda de zombies y  que me cruzo con un cementerio, todo mal, ni loca me meto ahí!

La entrada al cementerio por la que pasé.

La entrada al cementerio por la que pasé.

Ahora en serio…Viajando sola una aprende a escuchar el instinto ese de seguridad, bah, creo que ese instinto lo desarrollé viviendo en Montevideo, pero a lo largo del tiempo me ha sido de mucha utilidad. Suelo ser muy valiente y todo eso, pero si algo no me da buena ‘vibra’ no lo hago, o si una calle o un lugar no me transmiten una buena sensación intento irme de ahí, y por lo general no me equivoco. Lo mismo para las cosas buenas, en Viena terminé en una fiesta medio underground extraña con gente desconocida pero en ningún momento me sentí en peligro. Quizás suene a chachomambo-brujería pero si mi panza me dice ‘nena, rajá de acá’ RAJO.

Después de todo, llegué al hostel!!! Llegué sana y salva, dejé mis cosas y me preparé para empezar de lleno mi día turístico en Praga. Sería un día lleno de historia, con palabras de esas que alguna vez había escuchado pero en realidad no sabía de dónde salían como “Bohemia”…Con una leyenda sobre una princesa que soñó con una majestuosa ciudad, un príncipe que ordenó construir un castillo que siglos después seguiría siendo uno de los más grandes del mundo y con un reloj astronómico que dicen que predice tragedias. Y lo que es más importante aún, con cerveza, mucha, mucha cerveza.

Es que no se puede pedir más! Les cuento el resto en la próxima!

 

 

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