Una isla. Un Scooter. Un atardecer.

Mykonos es tan chica que se puede recorrer en moto en un día. Un día pasando de playa en playa decidiendo en cuál bañarte y en cuál no. Dónde parar a comer algo, y donde seguir de largo.

Releyendo y reeditando este post no puedo evitar imaginarme como un gato perezoso durmiendo la siesta al sol con una pata estirada. Y moviéndome para cambiarme de lugar sólo cuando el sol se movió y me quedo en la sombra. Al menos así es como me sentí en aquél momento. Impulsada por un placer que salía desde la vagancia máxima de mi ser.

La experiencia de alquilar la moto fue de lo más graciosa. Les importa un carajo que sepas conducir una moto y los cascos se alquilan aparte, lo que quiere decir que en realidad es tu opción si alquilarlos o no. Alquilé la moto con mi licencia de conducir, pero la condujo mi padre, quien nos la alquiló lo sabía y todo ok, no pasó nada. Qué miedo que me da siempre cuando me subo a una moto por primera vez en mucho tiempo, pero valió la pena.

La libertad que nos dio por ese día fue increíble, recorrimos la isla y disfrutamos como cochinos, decidiendo a qué playas ir señalándolas con un dedo en el mapa, y yéndonos a otra playa cuando nos secábamos del baño.

“Paramos acá para sacar una foto?”

“Fa, cómo me gustaría tener una casita acá…”

“Vamos hasta el faro ese!”

faro mykonos_2

El faro.

Al faro no llegamos. Las calles a esa altura eran tan sinuosas que parecía que llegaríamos en cinco minutos y no terminábamos de llegar más. ¿Existirá el faro o lo habremos imaginado? Tengo una foto así que debió ser real.

Parada en boxes. Sí, se puede ir al baño en el medio de la tundra que es Mykonos, si total, no hay nadie. Aunque el arbusto que elijas esté medio pelado no te va a ver nadie. Y cuando la naturaleza llama, llama. Viajando uno tiene que asumir esto y dejarse de las bobadas de “yo solo puedo cagar en mi baño” porque sino te vas a pasar tres semanas sin hacer nada y luego diosito te ayude. Así que hay que acostumbrarse a los McDonalds, a los baños públicos y a hacer tus necesidades con alguien en el cubículo de al lado, o en un arbusto donde pensás que en cualquier momento sale un escorpión y te pincha el culo (no sé si hay escorpiones en Mykonos, pero les juro que lo pensé!).

En Mykonos hay buses, sé que por nuestro hostel pasaba uno,  hacía algunas paradas en el camino pero el trayecto era de nuestra playa Paraga Beach al centro, o sea que ESE bus hacía ESE recorrido a ESA playa. Me pregunto si en las demás playas hay más buses y cada playa tiene un bus. La verdad ni idea. Mi yo gatuno dice que mientras hubiera un bus que nos llevara a nosotros, da igual. Estira una pata y con la otra se tapa los ojos, dice que no lo molesten con preguntas que está descansando.

Mi yo gatuno.

Mi yo gatuno.

El día fue agotador. La moto tenía hora límite de devolución así que luego de devolverla, de nuevo al bus y al hostel, queríamos ver el atardecer.


título atardecer en mykonos

Ver el atardecer en las Islas Griegas es como un must, no? Yo tenía algo en mente de que habían lugares cuyos atardeceres eran especiales, pero no sabía por qué. Hay que preguntarse el por qué de las cosas. Al darlo todo por sentado nos perdemos de saber cosas muy interesantes y de entender lo compleja y exquisitamente orquestado que está todo lo que nos rodea.

Los atardeceres varían en cada lugar del mundo porque la luz se refracta y refleja de forma diferente dependiendo de las cualidades del aire atmosférico. Es complicado pero ese sería el resumen. Lugares con polvo desértico en el aire como las Islas Canarias pueden tener atardeceres muy especiales. En Wikipedia hay un artículo sobre óptica atmosférica un poco trabalenguas pero interesante. Es increíble la cantidad de cosas que nunca sabré, todos los días me encuentro con algo nuevo!

Atardecer ventoso en Mykonos.

Atardecer ventoso en Mykonos.

En Mykonos el atardecer que nos dedicamos a ver fue espectacular salvo por una cosa que no sale en las fotos. El. Puto. Viento. No les puedo explicar el viento que había. No había nadie en la playa para ver el atardecer, claro, los únicos idiotas éramos nosotros. Idiotas, o…VALIENTES? Jajaja, nos quedamos con valientes! De estar sentados en la arena tuvimos que movernos a una zona de rocas donde, pese a que el viento no había cambiado, al menos no comíamos arena a lo bobo.

Había tanto viento que no se podía hablar, horrible. No pudimos evitar preguntarnos si Eolo -dios del viento- estaba tomando venganza contra nosotros, quizás lo habíamos ofendido de alguna forma jaja.

Pasado este obstáculo y habiendo llegado sanos y salvos a las rocas, pudimos disfrutar de esta maravilla.

ATARDECER MYKONOS_1

ATARDECER MYKONOS_2

Fue un momento inolvidable. Todos mis días en Mykonos fueron inolvidables, todo parecía ajeno a la realidad, pero este atardecer marcó algo en mí.

Los atardeceres suelen ser silenciosos, como si fueran momentos de culto a la madre naturaleza. Momentos de reflexión. El atardecer marca sólo el fin de un día, pero el fin de un día puede marcar muchas cosas. Ese día que se termina no volverá a pasar, y es inevitable dejarse llevar por el recuerdo de lo vivido mientras se ve al sol caer. Quizás por esto existen ritos de paso en las diferentes sociedades. Al fin y al cabo, en la perspectiva universal y cósmica un atardecer no es nada, mucho menos NUESTRO atardecer, de NUESTRO insignificante sistema solar. Pero a nosotros, simples mortales, nos genera algo. Momentos que marcan el fin y el principio de algo. Amaneceres, atardeceres, cumpleaños, casamientos, funerales…Intentamos encontrar un significado en estos momentos, que en la inmensidad del tiempo son importantes sólo para nosotros…Y para qué? Quizás para recordarnos que seguimos aquí, o que estamos aquí, o quizás en la incansable búsqueda de encontrarle sentido a las cosas, no lo sé…

ATARDECER MYKONOS_4

Los atardeceres me dan un poco de tristeza. Desde chiquita. Me da lástima que el sol se vaya. Es un momento en el que se hace evidente el paso del tiempo, parece que el sol fuera más rápido de lo normal y cuando te quieres acordar, ya se fue. Se fue, y podemos mirarlo en fotos todo lo que queramos pero no va a ser nunca lo mismo. Porque el atardecer es silencioso pero tiene ruido. Tiene olor, y tiene sensaciones que las fotos no pueden mostrar. La vida tiene sensaciones que en fotos no se pueden ver. El atardecer de hoy no es igual al de mañana, ni a ningún otro.

Se fue el sol.

Se fue el sol.

Recuerdo a los trece años decidir que no quería crecer más. Me avivé. Me di cuenta de que todo estaba yendo por un camino que no me gustaba nada, y que seguramente esos momentos que vivía luego los recordaría como los mejores de mi vida. No me equivoqué. La adultez me trajo independencia y soltura, me trajo experiencias y libertad. Pero también trajo toda esa sarta de porquerías que todos conocemos muy bien (A.K.A. responsabilidades).

En el libro Eat Pray Love (Come, Reza, Ama), Elizabeth Gilbert -la autora y protagonista que luego fue interpretada por Julia Roberts en la película- hablaba algo de la maldición que era caer en la cuenta del paso del tiempo a temprana edad…Nunca me sentí tan identificada, qué lindo que fue saber que mis locuras no eran únicas.

¿Cuántos atardeceres me quedarán? Quiero verlos todos, de todas las partes del mundo. Quiero despedir todos los días y al final de cada día reflexionar sobre lo que viví, dejarme empapar por esas vivencias y saborearlas. Las buenas y las malas, todas, todas nos hacen sentir y sentir es lo que nos hace especiales.

Porque sentir, por más que sea dolor, es un recordatorio de que estamos vivos.

¿Ya sentiste hoy?

 

 

 

 

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