Rembrandt y Taylor Swift: Para gustos… Holanda!

Hoy voy a hablar de mi visita a Rotterdam, de cómo y por qué llegué allí.

Voy a abrir mi corazón y dejar toda vergüenza a un lado para contarles la verdadera razón por la cual terminé yendo a esta maravillosa ciudad:

Tenía una entrada para ir a ver a Taylor Swift en Ámsterdam (si quieren me humillo un poco más porque en realidad no es para mi humillación ninguna, y les cuento que la entrada la saqué anticipada con un código que solo tenían los ‘fans’ de Taylor, y que la entrada la compré casi con un año de anticipación. Esta es la verdad de la salchicha, y si me hace tener menos ‘onda’ a los ojos de alguien, bueno, que se vaya a cagar y se compre una vida y la disfrute como quiera, siendo adulto responsable y escuchando sólo música clásica y tango en radio am, o rock pesado y mirando de costado a los que jugamos Pokémon Go, yo juego Pokémon Go hardcore MIENTRAS ESCUCHO A TAYLOR SWIFT).

El espectáculo de Taylor Swift en el Ziggo Dome, Ámsterdam.

Luces led y pantallas enormes en el espectáculo de Taylor Swift en el Ziggo Dome, Ámsterdam.

Llega un momento cuando visitaste todas las grandes capitales de Europa y los destinos de Ryanair se te están agotando, que por el bien del low cost empezás a plantearte visitar otros lugares menos conocidos, o un poco menos conocidos en la escala de popularidad turística, y terminás visitando pueblos como Saint Leon, en Francia, o ciudades como Helsinki, que nunca son la primer opción.

Es más o menos en el mismo momento que empezás a valorar la belleza de estos pequeños lugares, llenos de gente mucho más amable que las grandes ciudades, de panaderías increíbles y de rincones secretos mucho más pintorescos.

A Ámsterdam ya había ido antes y me parecía malgastar el tiempo recorrer de nuevo oootra vez sola la vieja y querida Ámsterdam, que es hermosísima, SÍ. Que quiero ir de nuevo, SIEMPRE. Pero en aquel momento pensé que era una mejor idea ver otras ciudades de Holanda que es un país increíble, pasaría un día entero en Ámsterdam de cualquier forma así que más valía ver algo más.

Tecleo: “skysca…” y doy enter. Skyscanner me dice que puedo ir barato de Barcelona a Rotterdam, que cerca de Rotterdam está La Haya, y que de Rotterdam a Ámsterdam hay un tren bastante potable y accesible.

Saco los pasajes y, como la viajera responsable que todos Uds. queridos lectores saben que soy (meck!), me puse a googlear qué había de interesante por esos pagos para ver…BINGO! Museo. La Haya. Arte holandés. La chica del pendiente de perla. Rembrandt. Golazo.

El plan era aterrizar en Rotterdam, tomarme el metro hasta La Haya, pasar el día en La Haya, volver, recorrer Rotterdam a la tardecita noche, al día siguiente levantarme temprano, recorrer un poco más y tomarme el tren hacia Ámsterdam para volver a tomarme otro metro para ir a ver a la querida Taylor al Ziggo Dome, que es el recinto donde era el recital.

Ok, nada del otro mundo. En mi mente todos estos planes se hilvanan a la perfección, un tren aquí, tal bus allá, unos minutos para llegar de aquí a allá, y ya estamos en acuyá. No siempre sale todo bien, pero intento pensar en márgenes de tiempo que me ayuden a agarrar todos los trenes, buses y demás transportes que necesito. Igual, seamos sinceros: Es un poco estresante, pero el viajero que no disfrute de esto que se vaya comprando el billete de lotería porque es-lo-que-hay! No queda otra que correr, subir, bajar, mirar mapas, apuntes, colgarse del wifi del Mc Donalds porque el mapa que tenés no es y seguir corriendo. Una vez en Londres corrí como loca para llegar al bus que me llevaría al aeropuerto, de esos que no podés perder (spoiler: lo perdí). Se me abrió la mochila corriendo y HORROR! Se me cayó al suelo -y se rompió- la cajita de madera en la que venía el coleccionable de Harry Potter que había comprado en los estudios WB. Moraleja: Más vale ir con tiempo y caminando que ir corriendo y se te rompa algo que dentro de cincuenta años te podía sacar de la miseria vendiéndolo por Ebay cuando saliera la versión remasterizada megaultra 25D de Harry Potter aniversario.

En fin, sigo: Rotterdam y La Haya comparten el mismo aeropuerto, es un aeropuerto muy ‘cuqui’ con un cartel que anuncia la ciudad en la que acabás de aterrizar y una torre de control pintada de rojo y blanco. Es un aeropuerto muy modesto comparado con otros, pero se me antojó muy setentero su cartel, tenía onda, no como yo.

Día gris en el aeropuerto de Rotterdam - The Hague.

Día gris en el aeropuerto de Rotterdam – The Hague.

El metro de Rotterdam llega hasta el aeropuerto. En teoría. No llega realmente, no es que el metro llegue adentro del aeropuerto, ni siquiera cerca, pero para mi, viéndolo en el mapa, era lo suficientemente cerca como para ir caminando. Siempre, siempre hago lo mismo, y siempre, sin excepción, me arrepiento.

Terminé caminando como una hora hasta una estación de metro que por momentos, caminando en una ruta con un bosque a la derecha y parte del aeropuerto a la izquierda (no la buena parte, la parte de atrás donde están todos los aviones rotos que se ve solo cuando uno pasa el aeropuerto con el auto), me pregunté si realmente estaba allí, no parecía haber nada relacionado con el metro (ni ningún otro transporte público, ya que estamos) cerca. No tenía celular, no tenía internet, solo tenía capturas de pantalla del mapa y mi buenísima voluntad. En estos momentos no podés evitar pensar lo típico “me pasa algo acá y no se entera naaadie”, “me roban y me quedo en calzooones”, “en la mochila tengo todo lo que traaaaje”, etcétera. Muy productivos los pensamientos a los que te lleva tu maravillosa mente en esos momentos.

Para peor, había una pareja de holandeses, que eran holandeses no holandeses -if you know what i mean 😉 – , que se estaban peleando en plena calle sacándose al hijo el uno de los brazos del otro, gritando y caminando uno adelante del otro y yo ahí, hehe, hola 🙂 si, estoy presenciando toda vuestra pelea, pero no se preocupen que no entiendo ni papa de lo que se están diciendo, cero bola a mi, no me tengan en cuenta, me mimetizo con los arbustos. Me miraban como para matarme…

Llegado un momento empecé a ver signos de civilización, gente en bicicleta (potenciales salvadores) y algunos edificios ‘no-aeropuerto’. Pero aún no había señal de estación de metro alguna. Nada. Ni un cartel animando a la gente como yo, que debe haber, debe haber cientos de viajeros ratas como yo que van caminando hasta ahí. Los hay, no? Seguro que sí.

Quiero proponerle al Alcalde de Rotterdam que ponga allí un cartel tipo Mc Donalds, como la Mc Señal que se ve desde recontra lejos, un palo super mega alto que tenga una flecha roja señalando el lugar de la parada, así al menos, si tenés que caminar chiquicientos mil quilómetros, al menos, ves tu objetivo y sabés que no la estás cagando, porque afrontémoslo, caminar todo eso para luego darte cuenta que no, que te equivocaste de lado, que era para el otro lado y que no hay nada en ese pueblo de mala muerte periférico al aeropuerto, bueno, es una gran cagada.

Finalmente llegué. Parada de metro con máquina de billetes en holandés e inglés y cero explicación de qué tipo de billete tengo que sacar para ir al lugar que quiero ir. Bah, saco cualquiera y cualquier cosa finjo demencia de turista. Un-bi-lle-te-sen-ci-llo, pienso mientras aprieto los botones de la máquina. Viene una señora. Pase señora pase, que voy a estar tres horas con esto también.

Ok, ya tengo mi billete. El plan es llegar hasta la estación central de tren, y ahí cambiar a un tren que me lleve a La Haya. En google me sale que tardo 1:08 horas en llegar desde el aeropuerto a La Haya en transporte público. Ya cagué el pronóstico porque solo con la caminata voy una hora pero al menos voy en dirección correcta!!!

Mauritshuis ALLÁ VOYYYY!!!

Querés saber qué es el Mauritshuis y por qué vale la pena visitarlo? Estáte atento a mi próximo post!!!

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