Por qué (a veces) odio ser mujer.

Advertencia:

Este post está escrito sin miramientos, utilizando deliberadamente palabras como “caca”, “pis”, “tetas” y probablemente “sangre”, “tampón” y un sin fin de otras “asquerosidades”.

Basado en una historia real.

Tengo que ir al banco. Aprovecho que salgo de trabajar y me da el tiempo para pasar por allí. Decido tomarme un café antes, estoy muerta.

Qué calor que hace, ya es verano pleno en la ciudad. Me dirijo hacia una preciosa cafetería de estas tipo lounge que están de moda. Un oasis de sofás y aire acondicionado.

Como siempre, voy cargada: Mi bolso, donde llevo todo lo que considero necesario para sobrevivir un día en la vida de una mujer, y una bolsa en la que llevo los tapers vacíos de la comida que llevé al trabajo.

Voy vestida con jeans y una camiseta. También llevo una chaqueta de jean de abrigo porque en algunos momentos los aires acondicionados me hacen pasar frío.

Hasta aquí todo normal. Parezco nada más una mujer normal que habla de situaciones cotidianas.

Así que vamos a ahondar un poco más en las implicaciones reales que tiene esta descripción aparentemente inofensiva que acabo de hacer de una situación cotidiana:

Voy cargada con el bolso lleno de cosas porque no me queda otra. Tengo que llevar la cartera -o billetera- como todo ciudadano occidental, con mis documentos, tarjeta y un poco de efectivo. También la tarjeta de transporte. Llevo también pañuelos kleenex por si hubiera en algún momento alguna catástrofe del tipo moco/llanto o algún otro fluído corporal. Incluyendo lágrimas de alergia que te arruinan el maquillaje: Por más sencillo que lo lleves, si te entra una de esas pelusas del demonio al pestañear se mancha toda la parte de abajo del ojo. Los pañuelos tipo kleenex + baba funcionan de maravilla para estos casos. También por si hago pis y no hay papel, casi me olvido.

contenido bolso chica

Búsqueda en Google del ‘contenido del bolso de una chica’.

En el bolso también llevo un espejito, un poco de maquillaje, chicles (por si como algo y después me huele el aliento a tigre) y el móvil. También llevo el cargador del móvil, porque cuando se sabe a qué hora se sale de casa, pero no a qué hora se vuelve…Nadie está a salvo de la low battery.

Estoy con la regla. Así que también llevo tampones y compresitas diarias. Las llevo en un bolsito aparte para que si abro el bolso grande no se vean. No sé por qué, pero las llevo así. Bah, sí se por qué, porque no quiero que se vean. Es como una convención social que esas cosas no tienen que verse.

Tengo calor. Pese a que es pleno junio voy vestida de jeans largos. ¿Por qué? Bueno, es muy fácil en realidad… La mayoría de las veces no me importa, pero hay días que no me siento cómoda cuando voy por la calle o el metro con ropa corta. Parece que la mayoría de los hombres pensaran que te la ponés como una invitación a violarte con la mirada. Lo mismo que las camisetas de tirantes. No, no me la puse para que me miraras las tetas, me la puse porque hace un calor de la concha de la madre. Así que, sí, pese a que la mayoría de las veces no me importa, a veces no estoy de ánimos para aguantar estoica al viejo que gira la cabeza 45º hacia mí y me hace un paneo general de forma descarada cuando me siento al lado de él en el bus.

Pero aún yendo de jeans y viviendo mi propio sauna personal, llevo una chaqueta también, se acuerdan? Claro, el tema es que si no llevo la chaqueta, y no tengo puesto uno de esos sujetadores tipo corset de 30mm de grosor, si hace mucho frío se me ven los pezones. Entonces tengo que elegir, o un sujetador cómodo y fino y una chaqueta ‘por si acaso’, o uno de éstos que son ‘a prueba de pezones’. No quiero ser responsable del desnucamiento de ningún viejo. No porque me mire, sino porque quizás cuando lo haga le pateo la cabeza.

En la vida de una mujer es todo una elección. Nada es sencillo. Realmente a veces envidio la sencillez con la que los hombres pueden pasearse por la vida, y me pregunto si en mi caso, como mujer, la sencillez no es también una cuestión de elección.

Así que un día hice la prueba.

A mi me encanta maquillarme, no me malinterpreten, me gusta, me hace sentir linda y coqueta, y que digan lo que quieran, pero si me maquillo bien, cuando salgo me siento como la puta Beyoncé en la discoteca. Y si, claro, sin dudas que si le damos vuelta a este tornillo también hay mucha cosa que decir sobre el tema, la sociedad y mil cosas más. Pero es la realidad: Me hace sentir super confiada, así que habitualmente me maquillo. Últimamente menos que antes igual, pero de cualquier forma en el bolso llevo un pequeño kit de urgencia: Un corrector por si me sale algún granito, que me salen a menudo, porque como soy mujer y tengo cambios hormonales del tipo exorcista en una base mensual, y algún gloss o lápiz labial por si me miro al espejo cuando voy al baño y me parezco más a The Walking Dead que a Beyoncé. Un poco de color nunca le hizo mal a nadie! Si salgo y estoy más maquillada, el kit varía adaptándose a lo que puede necesitar un retoque, como por ejemplo el delineador, o el polvo compacto…

En fin, sigamos. Un día leí un blog que hablaba de que el maquillaje es como una especie de vicio que nos hace sentir de determinada forma, pero que no es necesario y que podíamos intentar dejar de usarlo a diario e ir más al natural. Que a la larga nos acostumbraríamos y bla bla bla. Ok.

Ese día me armé de coraje, me lavé la cara por la mañana, me puse una cremita hidratante (porque no sea cosa que nos vayan a salir muchas arrugas) y me fui al trabajo.

Ese día también, me preguntaron si me sentía bien, si estaba enferma, si había dormido, si había comido bien, si había llorado y si necesitaba algo.

Si, quizás soy yo. O quizás también somos todos, no? Tampoco culpo a la gente, es normal que me pregunten si me siento bien cuando me ven como Beyoncé todos los días y un día parezco Whitney Houston post crack. Esa metamorfosis sólo puede estar ligada a un estado anémico avanzado, al alto consumo de metanfetaminas, o algo así.

Volviendo al día de hoy.

Como dije, decidí pasar a tomarme un café, qué cansada que estoy! Me pesan los ovarios como si de cada uno de ellos colgara una bola de plomo. “Me cago en la puta, tendré ibuprofeno en el bolso?”

OF COURSE.

Entro a una cafetería y le pregunto a la chica dónde está el baño mientras me prepara mi “Caffé Latte” (yo lo conocía como Café con Leche, pero ahí tengo que pedirlo como “Caffé Latte” sino me preguntan qué tipo de café con leche quiero, se fue todo al carajo). Hago esa operación porque no puedo pasar al baño si no soy clienta.

Subo al baño, que está escaleras arriba, bah, subimos yo, mis ovarios, mis bolas de plomo, mi bolso, mi bolsa con los tapers y mi chaqueta de ‘por las dudas’.

Llego. Gracias a dios el suelo está seco, porque no hay ganchos para colgar nada y al menos puedo dejar mi bolsa, bolso, bolas y chaqueta en el suelo. Oh, qué bien, el baño recién lavado. Me puedo dar el lujo de sentarme.

Tengo que cambiarme el tampón. Ya estamos con pérdidas.

No pasa nada, tengo recambios en mi bolso mágico. Me hace acordar al de Hermione de Harry Potter, que le hace un hechizo y se convierte en un bolso sin fondo.

Me saco el tampón que tengo, me inclino para agarrar el bolso y el nuevo tampón.

PAF!!! Gafas de Ray Ban de sol, al suelo. El cristal boca abajo. MIERDA, las tenía colgadas del cuello de la camiseta. Este detalle se olvidaron de comentármelo en la Escuela de Mujeres Contorsionistas. Es extraño, cualquiera diría que es un tema que enseñan en la asignatura “Cómo Mear Cuando La Puerta No Tiene Tranca”, sobre todo en el apartado de ‘Inclinarse para sostener la puerta mientras se mea medio parada intentando embocarle al WC sin mearte los pantalones’. Pero no. Mandaré una carta a la Escuela, deberían actualizar el programa. Tomo nota mental.

Meto las gafas en el bolso (sin el estuche, ya me volví una temeraria, es lo que le hacen a una estas situaciones límite), y consigo encontrar el tampón.

Hay varios tipos de tampón, pero yo uso los OB que no tienen aplicador. Son los mejores del mundo mundial, menos por un detalle: Cuando me los pongo mi dedo se convierte en el protagonista de la película Carrie.

Pero hey! no pasa nada, si hay papel higiénico me limpio el dedo antes de salir, cuando no la mano, depende del día del ciclo -saben de lo que hablo, chicassss- y luego me lavo las manos.

“Hay papel higiénico?”

SIII! Bufff, qué suerte que tuve hoy!!!

Consigo realizar la operación sin mayores contratiempos, me levanto, tiro de la cadena, recojo mis cosas, me cargo como un burro y salgo a lavarme las manos.

Me pongo la chaqueta entre las piernas, me lavo las manos y camino como un pinguino hasta el secador.

Éxito.

Vuelvo a la barra de la cafetería. Siento verguenza. La chica habrá pensado que soy drogadicta y me estaba metiendo heroína o que acabo de cagar como si no hubiera un mañana. No sé por qué pienso estas cosas, pero las pienso.

Agarro la bandejita con mi Caffe Latte y me voy, finalmente y sintiéndome que acabo de pelear una batalla contra el ejército de los Caminantes Blancos, a sentarme a mi mesa.

Me desparramo como una morsa con todo mi equipaje y pienso en que pese a todo, ser mujer es muy lindo. Ser mujer es un milagro de la naturaleza. Ser mujer es…

“Oh genial. Mi fucking Caffe Latte está frío ahora. MI MOTHER FUCKING CAFFÉ LATTE ESTÁ FRÍO AHORA”.

Bueno, qué le vamos a hacer, siempre nos quedará la entrada gratis a las discotecas y los botes salvavidas en los barcos.

¯\_(ツ)_/¯

 

 

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