La frase “por el amor al arte” nunca tuvo tanto sentido. ¿Paseamos por Montmartre?

A mi no me gustaba el arte. De hecho, ni siquiera me interesaba.

Cinco minutos en Montmartre y se me pasó la estupidez.

Creo que luego de tantos posts ya quedó establecido que soy un desastre. Organizo todo a medias. Es decir, si, viajo, saco los pasajes y reservo hostels consiguiendo en última instancia transportarme al lugar de destino, tener donde dormir, y no morirme de hambre…Pero al parecer mis dotes organizativas empiezan y terminan ahí.

En mi primera visita a París no visité Montmartre. (Podés leer el post aquí para saber cómo me fue) ¿Por qué? Porque soy tan crack y tan culta que ni siquiera sabía que existía. En mi defensa, ¿cómo voy a saber que existe? Pedirme a mi que sepa algo de Montmartre es como preguntarle a un parisino si sabe lo que es Pocitos (para los interesados, un barrio de Montevideo, Uruguay, de donde soy yo).

Así que no, no fui, y no tenía ni idea de lo que era ni de si me podría llegar a interesar. No estaba ni ahí con esa onda que en aquél momento hubiera catalogado de hipster-cine independiente, y además no estaba sola y el viaje tomó otros rumbos.

No sabía ni que el Moulin Rouge estaba ahí. ¿Me siguen?

El famosísimo Moulin Rouge.

El famosísimo Moulin Rouge.

Callecita en Montmartre.

Callecita en Montmartre.

Basílica Sacré Coeur.

Basílica Sacré Coeur. Cortesía Gianinnen.

Por suerte, tuve una segunda oportunidad de conocerlo. 

Hasta el día que fui a Montmartre no me intersaba el arte. Nada. Cero. Si me preguntaban quién había pintado la Mona Lisa seguramente la pifiaba de vaga mental nomás. Hoy en día no puedo decir que sea gran conocedora, pero al menos he ido aprendiendo, me he ido interesado y lo más importante, he aprendido a disfrutar del arte.

Esto viene de una persona que entró a la National Gallery de Londres para resguardarse de la lluvia, y pensó que era ‘muy chulo’ que de golpe se hubiera encontrado con un cuadro de Monet. Sí, Monet, ese que en Titanic Rose había comprado, Jack dice que “mira cómo trabaja el color aquí” y el marido malo de Rose (alguien se acuerda del nombre?) dice que es una mierda.

Porque habitualmente todo en mi vida gira en torno a referencias de cultura pop. Porque soy una hija de los ochenta, lo llevo en la sangre y no lo puedo evitar. Y me gusta así.

Lo maravilloso del arte es que siempre te va a dar una oportunidad, hay algo para todos y nunca es tarde para aprender porque está ahí, seas hijo de los ochenta o del año que sea, el arte siempre va a estar ahí esperando a que lo descubras.

Quizás descubriendo el arte uno también se descubre un poco a sí mismo.

Y para los que se preguntan, no, no me interesé por el arte porque de golpe me gustara un cuadro, como el cuadro ese de Van Gogh donde hay una cama y que parece un dibujo de un niño de siete años. Me interesé por el arte porque es mucho más que lo que se ve, es tan rico en capas, detalles, historias, anécdotas y vidas, que es como entrar a través del espejo en otro mundo… Es como encontrar una puerta secreta en un armario y entrar a Narnia solo que a veces un poco más retorcido.

Con el tiempo descubrí que un cuadro era mucho más que un cuadro. Un cuadro es su historia, su motivo, su técnica, su dedicación y su sufrimiento. Aprendí que como cualquier buen trabajo, tiene todo eso detrás, y que aprender sobre ello era casi como leer un libro.

El cuadro de Van Gogh del que hablo (se llama El Dormitorio en Arlés), si lo miro con mis ojos de niña pop me sigue pareciendo horrible. Pero si lo miro con mis nuevos ojos de persona que quiere entender el arte veo mucho más que una cama enorme. Veo al artista y donde estaba. Veo a la persona, sus intenciones y sus ilusiones. Van Gogh estaba orgulloso de esa habitación, era la primer habitación ‘propia’ que tenía y le gustaba su sencillez porque le evocaba el ambiente que manifestaban en sus cuadros los artistas japoneses a los que admiraba, como le contó en sus cartas a su hermano Theo. Vivió en ella una época de gran fertilidad artística.

carta de vincent a theo

Carta de Vincent a Theo. Cortesía Van Gogh Museum.

Van Gogh era una persona atormentada y encontró una salida en el arte. Si se mira un cuadro de Van Gogh de cerca se ven pinceladas apuradas y toscas, muy cargadas de óleo…Muy cargadas de muchas cosas.

Si se mira un cuadro de Van Gogh de cerca casi se pueden ver esos demonios que lo atormentaban.

Van Gogh vivió con su hermano Theo en Montmartre, y allí se codeó con otros artistas y aprendió nuevas técnicas de color, se interesó en el impresionismo de Monet y forjó una amistad con el ya conocido Gauguin (quien se rumorea, le cortó la oreja en una pelea). Eventualmente Van Gogh formaría parte del post-impresionismo y alcanzaría la fama cuando él ya no pudo verla.

Fue en Montmartre donde Van Gogh y yo nos encontramos de verdad por primera vez. Fue en mi última visita a Amsterdam que me enamoré de su historia y su vida, pero de eso hablaré más adelante.

Sí, ya sé, Van Gogh no es representativo de los artistas que vivieron en Montmartre, ni siquiera es representativo de París, pero es lo que hizo una impresión en mí.

Durante el siglo XIX y hacia la entrada del siglo XX, Montmartre era un lugar donde se resguardaban artistas de todo tipo, pintores y compositores viviendo en un ambiente de creatividad comunitaria; Un barrio donde los undergrounds encontraban un lugar al que llamar suyo. Un barrio donde la Belle Époque floreció de una forma alternativa.

Hoy en día sigue siendo reconocido por su ambiente artístico y bohemio, y miles de turistas lo visitan a diario para ver el famoso Moulin Rouge, la Basílica del Sacré Coeur y el café Deux Moulins donde se grabaron escenas de la película Amélie.

Si me preguntan, Montmartre es como el arte. Es mucho más que estas atracciones turísticas, porque detrás tiene una historia fascinante, de marginados y de diversidad, de color y creatividad.

Así que si alguien planea visitar París pronto, sí, es una obligación ir a Montmartre, poner play con la canción La Bohème, comerse un crêpe, tomar un café en Deux Moulins, aprender sobre quién era La Goulue y si el molino más famoso era realmente el Moulin Rouge.

Quizás recién ahí uno realmente sienta el espíritu de París.

 

 

 

 

2 pensamientos en “La frase “por el amor al arte” nunca tuvo tanto sentido. ¿Paseamos por Montmartre?

  1. Mijael

    Q suerte esto de poder viajar por diferentes paises! Yo no he tenido la suerte de salir del mio aun! Pero sin duda esta en mis cosas por hacer!

    Saludos Melisa! Te espero por mi blog!

    Responder
    1. Ciudadana del Mundo Autor

      Jajaja Mijael, es tremendísima suerte, nunca lo pierdo de vista!!! Gracias por leerme, ya me pasaré a leerte, salú!

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *