La isla que no sabías que existía: Grinda.

Yyyy… HOP! De un saltito estamos en una isla en el medio del mar Báltico.

¿Quién lo diría? Hace una semana me quejaba de tener que levantarme e irme a trabajar, y ahora estoy en una isla en la conchinchina que hasta hace menos de 24 horas no sabía ni que existía. Tomo nota mental: Nunca se sabe lo que puede pasar en una semana.

El ferry se apura en irse, hay decenas de otras islas que requieren su visita.

Es imposible no sentirme abandonada, al fin y al cabo ese ferry que se acaba de ir es mi única conexión con tierra firme-firme.

Antes de bajar alguien de la tripulación explica vagamente que para volver hay que levantar una señal que hay en el pequeño muelle de madera. Si la señal no está levantada, el ferry ni se molestará en acercarse a la isla. Otra de las situaciones chungas del viajero, pienso en la gente que no habla inglés ni sueco y en cómo corno harán para saber cómo parar el ferry.

Glup! Es decir que existe una leve posibilidad de quedarme acá varada??? Fantaseo con la idea y me deleito. Lamentablemente esa fantasía no es compatible con el resto de mi itinerario, ya que al día siguiente me esperaba un vuelo a Helsinki. “Algún día…” pienso. De momento, aún no soy lo suficientemente temeraria como para lanzar a la mierda los planes y tomar otro camino. Sobre todo porque lanzar a la mierda los planes implica lanzar a la mierda dinero ya gastado. O sea, no.

Somos muy pocos los que desembarcamos allí, nosotros somos tres y luego una familia de rubios sin cámaras de fotos, supuse que serían “habitués”. Al parecer en Estocolmo es habitual que las familias vayan de paseo al archipiélago.

“Ok, ya llegamos…¿¿¿Y ahora???”

Bienvenidos a Grinda!

Bienvenidos a Grinda!

Bueno, ahora es cuando le digo a mi niña interior (que va vestida con un plumón lila reversible de Rainbow Brite heredado de sus primas) que vaya, que corra y descubra. Se da vuelta y sale corriendo, a ver si hay Osos Gummy. Intenté explicarle que encontrar Osos Gummys sería imposible, sobre todo porque no vivían allí, pero, ¿quién sabe realmente dónde vivían los Osos Gummy?…

Rainbow Brite

Ésta es Rainbow Brite. Nostalgia!

Mientras tanto yo me quedo detrás, siendo adulta y decidiendo para dónde arrancar. A nuestra derecha hay una playa de cantos rodados. Adelante y a la izquierda, inmediatamente saliendo del muelle una caseta roja con banquitos adentro, está vacía. Parece uno de estos juegos de Play Station en los que el protagonista se despierta en plan Bourne Identity en un pueblo desconocido que parece vacío y medio fantasma pero luego se encuentra con algunos habitantes y va descubriendo cosas. Supongo que la caseta esa es para esperar el ferry en los días fríos. Supongo también que no he conocido aún frío como el que debe hacer ahí en los días fríos. Y por último supongo que si hiciera realmente frío, la caseta de madera esa sería un refugio muy pobre.

Casita en Grinda.

Casita en Grinda.

Más adelante, un camino. El único camino. Así que por más que mi niña interior se haya ido a buscar Osos Gummy por ahí – la veo a lo lejos correteando por la playa de cantos rodados – yo no tengo más remedio que seguir por el camino. Si quiero conocer la isla el tiempo es limitado, el ferry pasa solamente dos veces más, y solo una antes del anochecer. Después del anochecer en esa isla sin alojamiento no tiene mucho sentido estar. Aunque las estrellas se deben ver increíbles y los barquitos al pasar también. Fantaseo… Algún día.

Empezamos a caminar sin saber mucho qué nos encontraríamos. Lo que supe de esa isla lo supe a medida que la visitaba. Que no había mucha gente. Que habían unas cabañas que supuse que se podían alquilar. Que había una gran casa de piedra que era un hotel…Y que quería pasar mi vejez ahí, sintiendo el frescor subir del mar y viendo las estrellas por la noche.

VERDE!

VERDE!

Lo que sé ahora sobre este lugar lo sé por mis increíbles dotes de investigadora online. Luego de horas y horas de research encontré finalmente la página web de la isla: www.grinda.se

Grinda es una isla sin conexión por carretera que está en el centro del archipiélago. Se presume que ha estado habitada desde la Edad Media.

En algún momento sus propietarios fueron colectores de impuestos, es decir, gente que se dedicaba a cobrarle impuestos a los habitantes del archipiélago en nombre del estado, a cambio de una comisión.

Más adelante, sobre el 1900, fue adquirida por el director de la Fundación Nobel (si, la del premio), quien construyó una mansión de piedra estilo Art Nouveau allí para su familia. Esta mansión hoy en día es el hotel Grinda Wärdshus, y la única construcción “grande” que se encuentra en la isla.

Es posible recorrer el Grinda Trail, un camino de 2,5km que da la vuelta a la isla. Y eso hicimos, sin saberlo al principio. La verdad yo me creía super Dora La Exploradora y la más aventurada  moviendo juncos y descubriendo…Al final resultó que era un camino que todo el mundo que iba a la isla hacía.

Igual, es hermoso, por eso todo el mundo lo hace!

Se ven extensiones de campo medianas, y se pasa por partes más boscosas. También, siempre que uno lo quiera, puede alejarse del camino y ver el mar, ese mar tan plano y espejado.

En un momento nos encontramos con unas cabañas, parte del alojamiento de la isla supongo, y en la entrada de una había un señor durmiendo la siesta en el suelo, con las piernas levantadas contra la baranda del recibidor de la cabaña. Hacía tiempo que no sentía tanta envidia, quise ser ese señor.

Cabañas en Grinda.

Cabañas en Grinda.

También en una parte, antes de que el camino gire, se ve un “área privada” a la que no se puede entrar, y tienen su propia playita de cantos rodados, el agua se ve tan transparente que se puede ver todos los colores de las piedritas en la orilla.

Alguien vive allí...

Alguien vive allí…

Playita Grinda.

…Y tiene acceso a esta playita…

¿Ya dije que quiero ir a vivir allí?

Me imagino recibiendo turistas nórdicos recontra amables, cepillando caballos (no vi ninguno, pero en mi vida de fantasía están), y desayunando con bollos de canela tibios todos los días.

Solo me falta aprender sueco…Bah, pequeñeces.

Foto de blogger.

Foto de blogger.

Me hubiera quedado hasta que el último ferry pasara y hubiera visto el atardecer y me hubiera sentado a tomar un café o simplemente a ver el anochecer, hubiera hubiera hubiera…Pero mis acompañantes no tenían la misma idea en mente, así que tuve que irme antes de lo que me hubiera gustado. Podría haberme rebelado, pero la idea de quedarme sola en la isla por la noche no me hacía mucha gracia, además de que hubiera quedado como el culo con mis anfitriones…

Mi niña interior no encontró Osos Gummy, le pregunté si había visto algún hada y me contestó con una sonrisa, antes de desaparecer. La veré en la próxima aventura supongo.

¿Habrá visto una?

 

 

 

 

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