Buenos Aires: San Telmo y “la puta que te parió”.

Cuando veía fotos de Buenos Aires por internet siempre veía la foto esa de Mafalda en el banquito. Qué envidia me daba no haberla visto las veces que fui! Pero bueno, las veces que había ido tampoco había ido a hacer turismo del que hago ahora, siempre me habían llevado y mis actividades no las elegía yo (menos cuando fui a ver a los Backstreet Boys jaja). Así que en este viaje sí o sí tenía que ir a ver a Mafalda, me lo debía a mi misma.

Esa mañana salí de la casa de mi prima y me fui caminando hasta San Telmo. El día estaba precioso y me encanta caminar, es la mejor forma de conocer una ciudad pues al fin y al cabo las ciudades no son solo sus puntos turísticos, de hecho, las ciudades están mejor representadas por su gente, sus casas, edificios de oficinas y apartamentos, todo lo que hace a la vida cotidiana de la ciudad.

Así que allá fui. Salí desde Recoleta, tomé la calle Juncal hasta la Avenida 9 de Julio y empecé a ‘meter pata’ -caminar mucho-.

La 9 de julio es una avenida gigantesca, de hecho es la más ancha del mundo, tiene carriles para coches hacia un lado, hacia el otro, aceras, aceras en el centro y más carriles interiores que creo que son carril bus. Lo más llamativo es que en la Avenida 9 de Julio, en el cruce con Avenida Corrientes encontramos el obelisco de Buenos Aires.

Obelisco de Buenos Aires

Obelisco de Buenos Aires

A mí los obeliscos ni me van ni me vienen, pero este es muy bonito, grande, de un blanco brillante, rodeado de césped super verde y estas avenidas impresionantes llenas de coches. Como dato curioso en el Día Mundial de la Lucha Contra el Sida del 2005 lo cubrieron con un gigantesco condón rosa. Qué lástima que no lo ví así, así sí que iría a ver obeliscos (imagínense a todos los turistas estos super originales haciéndose fotos como en la torre de Pisa, pero con un condón gigante…Sería digno de ver).

A partir de aquí empezó el terror. Había un caos tremendo y me sentí un poco agobiada, la gente caminando sin ningún orden, medio que empujándose para pasar, intentando adelantar a los demás, todo el mundo a un ritmo frenético… Ahora que lo pienso me hizo acordar a cuando se rompe una fila de hormigas y quedan todas desorientadas, caminando más rápido que antes. Las tiendas llenas de gente y los coches intentando cruzar en los semáforos hasta el último segundo, a las aceleradas…Quizás fuera solo en esta parte, después de todo es el microcentro y justo donde estaba yo debe de ser uno de los lugares más ajetreados de Buenos Aires.

Bueno, no pasa nada, paciencia, a seguir esquivando gente y dejando que me esquiven.

Seguí mi camino hasta llegar a la Plaza de Mayo, donde está la casa rosada, o la Casa de Gobierno. Qué increíble cómo cambian las perspectivas con los años y las experiencias vividas. Recuerdo ver la casa rosada cuando era pequeña y que me pareciera impresionante ver una casota rosada que siempre salía en las noticias y donde vivía el presidente de Argentina. Ahora me pareció pequeña y sin demasiado que ofrecer, a la presidenta no la ví, se asomó una mujer media deforme sin maquillar por la ventana, pero no, no creo que fuera ella. En la Plaza de Mayo habían -como siempre- manifestantes. Me llamó la atención que había montada una barrera bastante ancha hecha de vallas, pese a que en ese momento los manifestantes estaban pacíficamente militando, repartiendo folletos y ofreciendo información a los transeúntes sobre sus reclamaciones, pareciera que el gobierno estaba con ‘el paraguas abierto’ esperando a que en algún momento se desatara el caos.

Después de la Plaza de Mayo seguí por la calle Defensa, porque había mirado por internet y en el cruce de Defensa y Chile estaba, finalmente, la escultura de mi querida Mafalda. Cuántas horas de mi infancia me habrá hecho compañía, cuantos viajes al baño con los libritos de Mafalda con tapas de colores y numerados, que estaban mal encuadernados y se desprendían las hojas. Con los años pude permitirme comprar la Todo Mafalda, inversión que le recomiendo a cualquier mortal pero que no sirve para ir al baño, es poco práctica.

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Mafalda y yo.

Y en eso lo ví. El cartel. No era sólo la escultura de Mafalda, sino que, era todo un paseo lleno de homenajes a diferentes historietas argentinas, era El Paseo de la Historieta!!!

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Qué lindo todo, además San Telmo es un barrio precioso, me encantó!

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Una lástima que mi mañana se viera una vez más teñida de gris (o rojo? en mi mente lo veo rojo furia), cuando estaba cruzando la calle, y una mujer me gritó desde su coche, sacando la cabeza por la ventanilla mientras giraba para incorporarse a la calle que yo estaba cruzando: “Apurate! La puta que te parió!” o algo así.

Yo no soy la persona más paciente ni tolerante del mundo, quienes me conocen lo sabrán, pero esto me pareció exagerado. No por mí, a mi me afectó dos décimas de segundo y después me importó un pepino, si total, yo estaba de vacaciones engordando a raíz de un kilogramo por día y en camino de convertirme en Jabba The Hutt para cuando volviera a Barcelona de la vida tan relajada que estaba llevando mientras la pobre mujer que me gritó seguro llegaba tarde al trabajo después de dejar a ‘los chicos’ en el cole, habiéndose levantado tres horas antes y todo para volver a hacer exactamente lo mismo al dia siguiente, y al otro, y al otro… Pobre, hay que entenderla. Pero creo que es exagerado porque es innecesario vivir ligado a ese caos.

Yo me sentí así alguna vez en mi vida. Con jornadas laborales de catorce horas o más, con dos móviles en mi bolsillo, trabajando para nada porque lo único que recibía a cambio de todo mi esfuerzo eran reproches, malos modos, y el mismo sueldo que hacía dos años atrás cuando tenía un trabajo con mucha menos responsabilidad, y todo para…Para qué? Para cobrar al final del mes? Enserio? Si es para eso se puede buscar otra cosa, para comprar un plato de comida y pagar las cuentas no necesito que mi trabajo tenga prestigio, y ciertamente no necesito la tensión, la angustia ni el sufrimiento que sale de combinar a una persona muy exigente consigo misma y un empleo demandante.

Como también experimenté el estrés en mi vida puedo decir que en la mayoría de los casos la vida esta a la que nos acostumbramos es una espiral sin fin, de presiones de la sociedad y modos de vida que se supone que tenemos que tener. Quizás esté la chica que se pone de novia, se compromete, se casa y se queda embarazada porque sus hermanas están todas casadas, y porque de su grupo de amigas era la última soltera. O el chico que estudia medicina porque su padre es médico y no se anima a decirle que quiere ser dibujante. O (y en esto me incluyo) la chica que se siente gorda, o que tiene que tener bastante ropa para variar, o una imagen determinada para encajar con cierto estándar planteado por el entorno en el que se mueve, o al menos así me sentí en algún momento de mi vida.

Pensé en ese momento que Buenos Aires tenía pinta de ser una ciudad que envolvía a la gente en este caos, y que esta gente se acostumbraba pensando que era lo normal, que era la forma en que la vida se vivía y punto. El ambiente me transmitió esto, no sé cómo explicarlo, tensión…La energía que emanaba la gente no era una energía relajada sino que todo lo contrario.

Sé que la vida es dura, para algunos más y para otros menos. Que es difícil salir adelante y que a la gran mayoría de nosotros no nos quedan muchas opciones más que ir a trabajar y ganarnos el pan de cada día. Pero por suerte algunas opciones aún nos quedan, y entre ellas está la actitud con la que uno se enfrenta a las cosas. No dejarse envolver en el caos de la ciudad es una elección. Tomarse las cosas con calma también. No dejar que los malos modales de los demás condicionen los nuestros también. Aceptarse y quererse a uno mismo sin importar la opinión de los demás puede ser difícil pero también se puede hacer. Y llegar al final del día sin sentir que nos han succionado el alma los Dementores del mundo (entiéndase: Jefes, estúpidos, envidiosos, etc) también es una elección. Y si todo esto falla y nuestras armas no nos defienden de la hostilidad del ambiente, siempre podemos como última estrategia cambiar de ambiente. Vencer el miedo, romper los estándares y hacer lo que nos dé la gana. Al fin de cuentas la vida es demasiado corta como para gastarla complaciendo a los demás.

Quería tomarme un bus para volver a casa de mi prima. Había mirado antes de salir cuál me servía y por qué calle pasaba. Las paradas de bus no estaban todas señalizadas, no pasa nada, en Montevideo también pasa a veces y poco más que hay que llevar una bola de cristal para saber dónde para el bus que quieres si no vives allí. Pero pensé que la gente me ayudaría… En lugar de eso me encontré con los hombres más babosos del mundo (me dijeron cosas como “te chupo todas las piernas”) y las mujeres menos colaboradoras que ví en mi vida. No pude averiguar dónde paraba el bus, nadie sabía.

Me tomé un taxi, se van a cagar todos. Llegué agotada. Tanto que me senté en el comedor a escuchar el silencio un rato.

No, no creo que pudiera vivir en Buenos Aires (*suspiro). Me lo tomo para bien, son tantas las ciudades que dejo queriendo ir a vivir allí un día, que borrar una de la lista es un alivio!

 

Con este post concluyo una serie de relatos sobre mi visita a Buenos Aires en septiembre del 2014. Si no has leído las demás entradas puedes hacerlo aquí:

– Querido Río de la Plata: Me llevás a Buenos Aires?

– En Buenos Aires como en casa (hacete la porteña).

– Buenos Aires: Entre Osos y cuidacoches.

 

 

 

 

 

 

Un pensamiento en “Buenos Aires: San Telmo y “la puta que te parió”.

  1. Boris

    Lamento lo que te paso con la mujer del coche y el señor que no te indico el lugar de la parada del bus, que aquí decimos colectivo, esto es Buenos Aires, hay mucha gente así pero también de la otra que se preocupa y siente alegría por hacer un favor, es solidaria, simpática y tolerante. Lamentaría que nos juzguen por los primeros. También me gusta recorrer el mundo y realmente mas o menos veo situaciones parecidas en todo el mundo. Aquí vendría bien un poco mas de cultura, es la batalla que falta ganar.

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