Llegada a Bruselas: Nubes, árboles pelados y regalos del universo.

Mi viaje a Bruselas fue algo así como la piedra angular de mi nueva vida, llena de ideas y sueños que de repente se están materializando y ahora están ahí al alcance de mi mano. Aunque no los consiga ya, al menos sé lo que quiero, esto por sí solo ya es un gran logro para mí, tener un propósito en el levantarme cada día.

Ya he hablado de esto antes así que no voy a ser pesada.

Bruselas no es el viaje de ensueño para nadie, o al menos supongo que no…Imagino que todo el mundo dada la oportunidad de elegir a donde viajar sin límites económicos ni de tiempo, elegiría, no sé… La India, Japón, Nueva York, África, Bora Bora, el Caribe, destinos exóticos y llenos de lugares escondidos cuyas fotos guardamos en nuestro archivo mental de National Geographic y el suplemento cultural de El País.

Claro, a mi también me gustaría ir a todos estos lugares, pero en lugar de pensar que nunca voy a ir, ahora doy por sentado que algún día iré. Que es cuestión de tiempo y de enfocar las energías (entiéndase dedicación, trabajo, recursos…) a conseguirlo.

Pero como de momento no es una opción, decidí ir a lugares que me quedan a tiro de piedra, que son posibles económicamente para mí y que se pueden visitar en un tiempo limitado, que es el tiempo del que dispongo actualmente al intentar compaginar mi blog con mi vida no virtual, es decir, mi trabajo, mis cuentas, los paparazzis y los cientos de fans que me esperan en la puerta de casa cada mañana.

Como resultado de todo este razonamiento y buscando destinos cercanos que no haya visitado aún salió Bruselas y dije, muy a la uruguaya: “A vos mismo”.

Diez días después me subía al tren en Paseo de Gracia camino a la T2 del Aeropuerto del Prat.

No sabía qué esperar de Bruselas, ni de Bélgica en general ya que estamos. Encuentro un placer inmenso en el hecho de ir a un lugar sin saber qué esperar, es como leer un libro sin antes leer la reseña, descubrir el lugar sin saber a dónde ir exactamente.

Así que me fui a Bélgica con un tour a Brujas y Gante agendado, con ganas de zampar quilos de chocolate y litros de cerveza y con poco más. No sabía aún qué monumentos habían para ver, ni qué plazas o calles. Me gusta hacer esto de buenas a primeras, después claro que me gusta saber qué paso allí o por qué existen ciertas tradiciones y todo eso. Pero encuentro emocionante llegar y dejarme sorprender por el lugar. Esto no se puede hacer siempre, hay lugares en los que por huevos sabes lo que vas a ver, es decir, quién va a Roma sin saber que va a ver el Coliseo?

Cuando el avión estaba por aterrizar me pasó algo totalmente inaudito: Reconocí la ciudad desde el aire!!! Había mirado el mapa para localizar el hostel, las paradas de tren y el recorrido básico desde el aeropuerto al centro…Y reconocí el mapa desde el cielo! No me voy a dar crédito, supongo que la ciudad estaba respecto a la dirección en la que llegaba el avión, orientada de la misma forma que la vi en Google Maps, así que eso es todo, pero para mi fue maravilloso y sentí que tenía un superpoder de superorientación.

bruselas aéreo

Cielo azul en Bruselas.

En ese momento también vi el cielo azul justo encima de Bruselas, y pensé que tendría una vez más lo que yo llamo ‘Suerte Meteorológica’ -cabe destacar que en Londres me quemé con el sol- y que las advertencias sobre el mal tiempo, el frío y la lluvia que había recibido sobre Bélgica quedarían en habladurías.

Qué ilusa. Debería haberme fijado en la nube que acechaba amenazando el suministro de vitamina D de los belgas y cuya apariencia me recordó a la nave nodriza que atacaba la Tierra en la película Independence Day.

bruselas nube

La nube que acechaba en Bruselas.

Esa fue la última vez que vi el cielo azul de verdad. Lo volvería a ver en ventanas de cinco a diez minutos entre nubes de lluvia y nubes de llovizna pero nunca volvería a ser lo mismo.

El paisaje que vería luego fuera del centro de Bruselas, sobre todo de camino a Gante y Brujas me haría acordar a los momentos oscuros de la novela Cumbres Borrascosas, con lluvia, viento y paisajes poco amistosos, o al menos así es como yo me lo imaginé. Escribiendo esto busqué imágenes de la locación del libro y resulta que es ficticia, pero igual se pueden ver imágenes de cómo se vería, si lo buscáis, imaginaos eso con muchos más árboles pelados.

árboles bruselas

Árboles pelados en Bruselas.

El tren del aeropuerto de Zaventem al centro me costó 8,50€, un robo. Es el viaje más corto y más caro del mundo, sobre todo teniendo en cuenta que el tren del Aeropuerto del Prat al centro de Barcelona vale lo que un boleto normal de transporte, sobre 1,90€.

Me quedé súper indignada con lo caro que me había salido, ¿no lo había mirado antes por internet ¿por qué no lo había visto? ¿había sacado mal el billete? ¿debería haber ido a la ventanilla en lugar de la máquina?, “siempre me pasa lo mismo por cabezota!!!”.

No, resulta que es lo que cuesta, como me confirmaría luego Hugo, el uruguayo que trabajaba en la recepción de mi hostel. Así que ajo y agua.

Como plus la estación de tren de Zaventem tiene el andén más largo que vi en mi vida y demasiada poca gente. Miedo asegurado y pensamientos del tipo “qué corno hago acá?” y “quién me manda a meterme en estos lugares”.

zaventem tren

Para un lado.

zaventem tren

Para el otro lado.

Para mi deleite y alivo, en las horas siguientes de poner pie en Bruselas el universo pondría en marcha sus místicos mecanismos y proveería, como siempre lo hace a quienes lo necesitan (algo así como Hogwarts).

Me encontraría en el Parque de Bruselas con algo que necesitaba desesperadamente y que es fundamental: Un mapa! Aleluya! No tenía uno aún e iba vagando a ciegas por una ciudad desconocida. Y… charammm charammmm: Una tarjeta de transporte con siete viajes sin usar aún!!! La tarjeta entera vale como 14€, creo que fue la forma del universo de decirme: “Sí, 8,50€ por un tren de ida a una ciudad que queda a 10 minutos es un robo”.

Qué contenta que me quedé! Les juro que desconfié de la tarjeta hasta el momento que la metí en la ranura a la entrada del metro y se abrieron las puertas -era magia?-, no podía creer la suerte que había tenido!!!

Supongo que siempre es una de cal y una de arena, una buena y una mala, una mañana mala para una tarde buena, un año malo y luego uno bueno. Antes o después la mala o la buena siempre llega. Como hace unas semanas, cuando mi vida tomaba consistencia de nuevo y el camino se iluminaba después de meses en la oscuridad, iba yo tan contenta que voy y me caigo por unas escaleras, esguinzándome el pie y terminando en la sala de urgencias. “Supongo que no puede salirle a una todo bien”, pensé. Mi madre y mi amigo Mauri por otro lado tomaron otra postura, igual de válida: La de “podría haber sido peor, podría haber sido la cabeza”.

Algo que creo que es muy importante es saber apreciar la magnitud de las cosas que nos pasan.

Tendemos a recordar lo malo con mucho más detalle que lo bueno, a aferrarnos a las cosas malas que nos han pasado con mucha más fuerza y durante mucho más tiempo que a las buenas, y luego esperamos que las cosas buenas sean tan maravillosas que de alguna forma neutralicen el puntaje de lo malo. “Si me pasa algo malo que puntúa -5, sólo será contrarrestado con algo bueno cuyo puntaje sea +5”, o algo así.

Esto es un gravísimo error!!! ¿Qué pasa con los días de cada día que simplemente vivimos nuestra vida? ¿Que podemos levantarnos, desayunar, ir a trabajar y volver a casa sin mayores sobresaltos? Estos días deben contar como algo bueno. Y si desde tu punto de vista no lo hacen, pues deberían. Y si tu vida no te resulta lo suficientemente interesante, haz algo al respecto, está en tus manos! Pero nos equivocamos al pensar que solo son cosas buenas aquellas que son increíblemente buenas, como enarmorarse, un viaje, ir a un recital, o encontrarte 100€ en el suelo, sencillamente porque esas cosas no pasan cada día.

Quizás deberíamos aprender a aceptar que las cosas ‘no tan buenas’ o incluso malas pasan, dejar de luchar contra lo que no nos gusta y no podemos controlar. Pero al mismo tiempo darnos un respiro y pensar que si esperamos o si miramos con atención, las buenas también pasan, de hecho pasan cada día. Yo me encontré un mapa medio sucio en el suelo y fui la más feliz del mundo.

Perros en bruselas

Miradas perrunas en Bruselas.

La sonrisa de un perro. Un café con leche en el momento justo con la cantidad de café que te gusta. Cinco minutos en el trabajo para charlar con un amigo o mirar por una ventana a la calle y ver la gente pasar. Caminar tranquilo un rato, sin prisas. Poder comprarte esa camiseta que te gusta, o cenar esta noche esa comida que te gusta. Encender la tele y que justo empiece el programa que querías ver y te habías olvidado. La canción que te gusta en la radio. Que el modo aleatorio de tu móvil ponga la música que ese día querías escuchar. Que haya un 2×1 de los chicles que te gustan. Hacer pis cuando no aguantabas más. Que pase el bus justo cuando llegás a la parada, o incluso un mapa sucio en el suelo.

Las cosas buenas pasan. Pasan cada día. Quizás sea cuestión de saber apreciarlas.

 

 

 

5 pensamientos en “Llegada a Bruselas: Nubes, árboles pelados y regalos del universo.

  1. Jorge Speranza

    Como siempre, ¡muy bueno! La estación con el andén tan largo, ¿no tendría a toda la gente apiñada al final y por eso no viste a nadie?

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    1. Ciudadana del Mundo Autor

      Jajaja, no! Estaba vacío, luego llegaron algunas personas más, pero la relación tamaño-cantidad de gente no cuadraba.

      Responder
  2. Jennifer

    Eres geniiial! me encanta como escribes!
    y desde aquí te digo, que a mi tierruca te tienes que venir un fin de semana! Así que comienza a mirar vuelos BCN-SANTANDER!!!

    Muchos besitoos!

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    1. Ciudadana del Mundo Autor

      CLARÍSIMO QUE SÍ!!! No lo decía en broma, no solo Santander me parece un destino recontra interesante, sino que creo que con vosotras lo sería mucho más!!! Prometo vernos pronto! Gracias por el apoyo 🙂

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