Berlinen Queriden Parte 1: Moabit y el hostel nefasto.

Visitar una ciudad y sin saber por qué sentir que perteneces. Que no tenga nada particularmente especial, que no sea una de esas ciudades “destinos turísticos de rigor” -como digo yo- y que sin embargo ejerza en ti una fuerza de gravedad incomprensible.

Esto me pasó en Berlín.

Y fue totalmente inesperado, no os voy a mentir, cuando planifico mis viajes por Europa miro qué ciudades no he visitado y hasta ahora lo que habitualmente me tira son las capitales. Supongo que poco a poco y con el tiempo me iré fijando en ciudades menos convencionales, con otros encantos. Siendo viajera frecuente pero novata aún, sigo fijándome en las capitales.

Fue así como fui a parar a Berlín, porque es la capital de Alemania, porque el precio del pasaje estaba barato en el buscador y porque sí, porque es Berlín y forma parte de todas las ciudades del mundo que pensé que no iba a conocer jamás.

No hice una investigación pre-viaje para saber qué visitar, qué me interesaba más, la opinión y las recomendaciones de otros viajeros…Entonces no sabía qué me iba a encontrar…Más que la bola* esta que sale de fondo cuando en el informativo transmiten “en directo desde Berlín” o el muro de Berlín, no tenía ni pajarera idea. Cero ideas preconcebidas. ¿No os pasa lo mismo? ¿Cuántas ciudades hay que conocéis el nombre y de alguna forma os resultan familiares pero si lo pensáis bien, no podéis imaginaros más o menos el aspecto del lugar?

– Hola!!! ¿Cómo estás? Tanto tiempo sin verte!

– Sí, es que el año pasado viví seis meses en Ottawa…

– Ottawa! Qué divino!

– Ah…Conocés?

– No…Pero debe ser lindo, no?

¿Quién nunca tuvo o escuchó una conversación de éstas?

*Resulta que ‘la bola’ se llama Fernsehturm. Descubrí que si pongo “bola de Berlín” en Google no sale lo que esperaba, yo y mis búsquedas web…La verdad que a veces me merezco los resultados que obtengo.

bola berlin

‘La bola’ en mi mapa. Las calles son muy fáciles de recordar…Jeje.

Sigamos.

Llegué al aeropuerto de Tegel por la mañana, genial!!! La verdad que llegar a ciudades desconocidas en horarios criminales es una de las cosas que menos me gusta y que siempre intento evitar a la hora de sacar los pasajes… Un pasaje con una hora extraña puede a veces salir más barato, pero luego el transporte al centro puede compensar el precio pues no hay transporte público a esa hora… O el estrés de encontrarte medio desorientada, con tu equipaje y sola en la puerta de aeropuertos que no siempre son muy céntricos que digamos… Si puedo evitarlo pagado 10€ más, lo evito.

Berlín tiene muy buen sistema de transporte público y tiene buses que te llevan y te traen del aeropuerto con un margen horario bastante potable (no son shuttles ni aerobuses especiales, buses comunes).

Tenía reservada cama en un hostel en el barrio Moabit, así que antes de salir de casa hacia este viaje de muchos destinos miré bien todos los transportes en todas las ciudades y me lo apunté en una hojita que llevé conmigo siempre. La hojita decía qué bus me servía y donde me tenía que bajar en cada ciudad nueva. Algo que me sirve mucho es, que como cuando llego a las ciudades no tengo internet en el móvil, antes de salir le hago fotos -o capturas de pantalla- al mapa del lugar donde está el hostel. De esta forma aunque al llegar aún no tenga un mapa (que te lo suelen dar en el hostel/hotel) puedo saber donde bajarme y sobre todo, hacia dónde caminar cuando me bajo… No es lo mismo desorientarse en tu propia ciudad que desorientarse en una ciudad ajena, ni te cuento si hace frío o llueve.

En mi caso tuve suerte y había un día precioso.

Creo que me bajé más lejos de lo que podría haberme bajado pero no me importó, me encanta caminar y tener una primera impresión del lugar al que llego, es un momento que disfruto muchísmo. Además yo suelo viajar solo con mi mochila, una mochila normalita, por lo que tampoco voy muy cargada.

Como dije antes, el hostel estaba ubicado en el barrio de Moabit, que durante los tiempos del muro perteneció a la parte oeste de Berlín, es un barrio típico de clase trabajadora. Me gustó, imaginé que ahí vivían muchos berlineses y que estaba pasando por una calle ‘comercial normal’ y no turística… Que era un lugar real y no presentado para los millones de turistas que visitan la ciudad cada año.

moabit berlin

Moabit es un barrio tranquilo, para nada turístico.

Lo primero que me fijé caminando por Turmstraße es la cantidad de kebabs que hay. Más adelante me contaría un chico que conocí en el hostel que el kebab ya se considera una comida “típica” de Berlín, casi me muero!!! Yo me imaginaba a los berlineses con berlinas (o bolas de Berlín, ahora sí!) wursts, pretzels y una jarra gigante de cerveza en la mano, en cambio…Kebabs! Nada que ver cheee!!! Me sale la uruguaya. Resulta que fue un turco allá por la década del 70′ y empezó a vender kebab como comida rápida, así que aunque no lo creáis Berlín vendría a ser algo así como la cuna del Kebab como lo conocemos hoy en día.

kebab berlin

Un puesto de Kebab al lado de la boca del metro de Turmstraße.

Seguí caminando, porque Serrat me dijo que se hace camino al andar.

Tuve que tener fe de que no me había perdido ni pasado y seguir adelante. Eso me suele pasar cuando no estoy segura de a dónde voy. Mi mente juega a juegos retorcidos cuestionándome y sembrando la semillita de la duda: “Estaré bien encaminada???”, “me habré pasado??? Ya debería haber llegado!”.

Así fue que caminando llegué. La entrada al hostel era un poco sospechosa, pero bueno, suelo reservar en los lugares más baratos así que no hay tu tía. Por otro lado no sería la primera vez que en términos de hostel ‘las apariencias engañan’. Muchos no están ni señalizados y están adentro de algún edificio antiguo, o tienen una entrada muy pequeña y luego el hostel es enorme y espacioso… Nunca se sabe.

Lo supe. Lo supe cuando estuve tocando timbre diez minutos sin respuesta. La madre que lo parió!!! Estaba medio cansada ya de tanto avión y cosas, porque por más que viajes mucho y estés ‘acostumbrada’, de a momentos querés parar en una base y descansar un poco, un refugio. Yo quería dejar mi equipaje, hacer pis, lavarme la cara y los dientes, hacer una pasada de desodorante, taparme algún granito con corrector (antes muerta que sinsilla) y luego irme tranquila a pasear para luego volver, hacer el check in y dormir. Pero para todo esto era fundamental que me abrieran la puerta, sino…Negativo.

A todo esto viene un chico que estaba fumando en la puerta de un bar al lado y me señala un pequeño cartel que había pegado en la puerta del hostel que decía en alemán e inglés: “Si no abre nadie la puerta, llamad a tal número de teléfono”. ¿O sea que era algo común que no le abrieran la puerta a la gente? Como el chico me hablaba en inglés y me dio la sensación que conocía a la gente del hostel, le pregunté cómo se suponía que debía llamar por teléfono, si yo vivía en otro país y ahí no tenía servicio en el móvil! Me dijo que podía llamar de un teléfono público. Un tipo, resuelto, directo, alemán.

Tócate los cojones Mari Loles, o sea… A ver si me queda claro. Tengo que ir a buscar un teléfono público en el medio de un barrio de una ciudad que no conozco para que me abran la puerta en un lugar que voy a pagar por quedarme????? GUAT????

Va a ser que no.

Y como fue que no, seguí caminando por la misma acera para que, a dos metros de este nefastísimo lugar, me encontrara con un oasis: Un hostel gigantesco y organizado, con puertas automáticas que se abrieron cuando pasé por allí (inserte emoji de clap-clap aquí, y luego el que parece que dos manos rezan pero en realidad es un ‘choquelocinco’).

A este segundo hostel le debe de venir genial tener al lado el otro, deben de recibir un montón de gente re caliente porque en el otro lugar no les abren la puerta, y que están dispuestos a pagar lo que sea por entrar a la nave nodriza.

En fin, como el destino finalmente me sonrió, pude hacer pis, lavarme los dientes, hasta me pude duchar, evitando así la pasada del desodorante segunda edición. También dejé mi equipaje allí. La noche en este otro lugar salía un poco más caro, pero cuando ‘quieres llegar’ quieres llegar. Además, como moraleja de esta historia podéis completar la siguiente frase: “Lo barato saleeee: _____”. Como diría Barney Stinson: “True story”.

Pero no nos hundamos, tener una mala experiencia no puede condicionarnos todo el viaje!

Los días siguientes en Berlín serían como zambullirse en una postal en blanco y negro a la que le pintaron el cielo de azul. Los edificios grises. La historia gris. Y sin embargo se siente el pulso vibrante de esta ciudad resurgente que hace que de a ratos todo se vuelva multicolor.

Más adelante Berlín me devolvería con creces el esfuerzo de mis caminatas y me dejaría envuelta en una bruma magnética, reclamándome que vuelva.

¿Habéis estado en Berlín? ¿Cuál fue la primer impresión que os dejó? ¿Lo recordáis?

 

‘Berlinen’ para mí es muy ‘Queriden’. ¿Queréis descubrir por qué? Estad atentos a la segunda parte de este relato!!!

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