Berlinen Queriden Parte 2: El walking tour.

A mí me encanta hacer de turista.

No me la tiro de viajera hipster mega experimentada que come fideos con aceite en el hostel y luego sale a conocer gente en los bares y aspirar el aire local y eso es todo su viaje. Eso no está mal, no, pero a mi me gusta conocer, saber, ver los lugares, los monumentos, las plazas y saber que de ese balcón se tiró el archiduque nosequé porque la archiduquesa lo engañó y no soportó el desamor.

 

Como dije en otras ocasiones, es cierto que para conocer la esencia de un lugar es fundamental entreverarse con sus habitantes a fin de vivir una experiencia real y empaparse de la cultura de un lugar… Pero mis viajes son cortos, o de momento lo han sido, por lo que las experiencias de inmersión aún no son lo mío y me decanto por dos cosas: Ver los sitios de más atractivo turístico, y caminar mucho para descubrir pequeños tesoros ocultos.

Me gustan los tours. No todos ellos, sobre todo considerando que hay muchos que son una porquería, que te cobran un pastón -un platal- por llevarte a lugares o pasearte por lugares sin ofrecerte casi información. Esto me pasó el día que hice el touristic bus en Barcelona cosa que no volvería a hacer. Es impersonal y sintético, y no lo haría en ninguna otra ciudad.

Por el contrario, hay una actividad turística que en todas las ciudades que puedo hacerla la hago: Los free walking tours (se les dice así, es en inglés y chau, buscarlo en Google en español es como buscar a la Pata Daisy y poner ‘Pata Margarita’). Hay muchas compañías que los ofrecen. El concepto es que hay un punto de encuentro y una hora concreta donde tienes que presentarte, encontrar a los guías que habitualmente están identificados y decirles que quieres hacer el tour. Lo normal es que haya un grupo en inglés y otro en español. Te asignan un grupo y a la hora acordada sales a recorrer la ciudad caminando acompañada de un guía que va ofreciendo información sobre los lugares que se recorren. Puesto que lo único que se paga es la propina, la mayoría de las veces los guías se esfuerzan en darle un valor añadido al tour, ya sea ofreciendo anécdotas, poniéndole humor, un poco de actuación… Yo he visto guías de todos los tipos, en Amsterdam hasta nos dieron para probar queso holandés que las guías se combinaban para llevar en un taper y ofrecer a los turistas. Solo una vez me tocó una guía que no me gustó, pero así y todo el paseo fue precioso y obtuve mucha información de él de una forma interactiva y personal que de los libros no puedo sacar. Además, es una forma genial de conocer gente y pasear acompañado, casi siempre me hago amiga de alguien o de algún grupito y nos echamos unas risas, en Praga hasta tomé mate con unos argentinos: “Mate en Praga” me parecía una flasheada!

El free walking tour que hice en Berlín empezaba en la Pariser Platz, o Plaza de París, que es donde está la Puerta de Brandeburgo, o sea que al lugar se va sí o sí, ¿y si lo aprovechamos haciendo el tour? 

No hablaré de todas las paradas que hay en el recorrido no solo porque sería un post interminable y aburrido para vosotros, sino porque además me da la sensación que no es justo para los organizadores del tour que se han pegado la currada de diseñar las rutas.

puerta brandeburgo

La puerta de Brandeburgo con la diosa Victoria.

Hablaré de lo que más me impactó.

Impactó”, elegí esta palabra porque es lo que me pasó con las cosas que vi en Berlín. Como mencioné en la parte 1 de esta serie de entradas sobre Berlín, fui un poco a la loca, sin saber qué encontraría, sin informarme… En este viaje no tenía en mente lugares a los que quería ir, ni cosas que quería ver, no sabía, ni de oídas ni nada, qué encontraría.

Una de las primeras paradas del tour es el Monumento al Holocausto. Es una obra de arte gigantesca (para mí es una obra de arte, yoquesé) que está llena de rectángulos de hormigón que se levantan del suelo a diferentes alturas. El suelo también es ondulado por lo que si te adentras en el memorial hay lugares en los que estás más sumergido que en otros. Esto está en una extensión de como una manzana de grande. Es impresionante. Son 2711 bloques en total y se llaman “estelas”.

El diseñador fue el arquitecto Peter Eisenman, y se supone que la idea era sumergir al visitante en la variedad de sentimientos que podría haber experimentado la comunidad judía a causa de la persecución que sufrieron durante la Segunda Guerra Mundial. Según sus propias palabras “La enorme escala del horror del Holocausto es tal que cualquier intento de representarla por los medios tradicionales es inevitablemente inadecuado…Nuestro memorial intenta presentar una idea de memoria distinta a la nostalgia…Sólo podemos conocer el pasado, hoy, a través de una manifestación en el presente”.

holocaust memorial berlin

Las estelas.

Cuando fui con el walking tour no tuve tiempo de meterme entre esos bloques de cemento tan intimidantes, pero al día siguiente me junté con unas chicas escocesas que conocí en el hostel y fui con ellas. Es gratis, está muy cerca de la Puerta de Brandeburgo y recomiendo ir. A algunos les parecerá un mamotreto gigantesco con cachos de hormigón, pero si no vais nunca sabréis qué impresión os hubiérais llevado de haber ido. Intentad llevar un estado mental abierto a nuevas sensaciones, ir sin prejuicios y aprovechar la ocasión para reflexionar sobre ponerse en la piel de los demás.

En lo personal sentí desolación, tristeza, ahogo, ansiedad y ganas de salir. Al mismo tiempo vi claridad en muchas cosas de la vida, cosas que no voy a detallar ahora… Quizás se me fue la flapa pero así me sentí. El guía nos dijo que la interpretación popular mayoritaria era esa. Aunque hay gente que piensa que los bloques rectangulares de cemento representan tumbas y que el memorial es como un gran cementerio. Hay uno de los bloques que está al ras del suelo y la gente no debe pisarlo. Según nos comentó el guía, es una forma de representar lo fácil que es olvidarse del sufrimiento ajeno y ‘pasarle por arriba sin verlo’.

Creo que toda esta experiencia puede sembrar la semilla de la empatía en la juventud de hoy, en esta juventud que no conoce ni seguramente conocerá el horror de un genocidio. También creo que la experiencia puede y debe ser extensible a todos los genocidios que vio la historia del mundo. El sufrimiento no tiene magnitud cuando lo vemos de afuera, pero ¿y visto de adentro? Este monumento es una buena forma de acercarnos, aunque sea de forma ínfima a lo que debió sentir toda la gente que pasó por algo así. Y la que sigue sufriendo hoy. Más que de recordar, es una forma de no olvidar.

Toda mi experiencia en Berlín fue de este tipo. Me acercó a una historia tan reciente y fresca que fue imposible que no me llegara al núcleo. Las huellas siguen estando allí.

Otro de los lugares que se visitan con el walking tour es el lugar donde bajo tierra estaba el bunker de Hitler. Hoy en día no hay nada especial, hay un edificio donde vive gente, un parking y unos canteritos con césped. Nos explicó el guía que el gobierno alemán decidió que esta persona no merecía ningún tipo de reconocimiento y que originalmente no se puso ninguna identificación al sitio, aunque tuviera algún “valor histórico” por así decirlo. Esto hoy en día ya no es así pues sí hay un panel explicativo con un plano y algunas indicaciones de cómo es la disposición del bunker bajo tierra, y si es cierto lo que leí, tuvieron que colocarlo luego del boom turístico que generó la película “La Caída” (“El Hundimiento” en España).

Todo es muy raro. No sabes qué sentir estando en un lugar así, si sentir desprecio, indiferencia o qué. Te sientes afortunado por estar en un lugar con tanto para contar pero al mismo tiempo culpable de sentirte así en un lugar donde pasaron tantas cosas feas. Algo parecido me pasó en el campo de Sachsenhausen, pero eso lo contaré más adelante.

Luego de una breve parada en este parking-canterito caminamos un poco más. Me gusta Berlín. Me gusta aunque no sea espectacular ni super pintoresco: La mayoría de los edificios son de concreto gris, sin ornamentos ni decoraciones, lisos y con ventanas rectangulares o cuadradas. Era la forma más barata y eficiente de reconstruir la ciudad, y según vi en un documental los restos del muro de Berlín se reciclaron para colaborar con la reconstrucción (la verdad que ni idea cómo se hace esto con el hormigón, me lo imagino poniéndolo todo en una licuadora gigante con cola de carpintero y hala, ahí tenéis, cemento fresco!…Jaja).

Ahora enserio: Vaya si Berlín se ha reconstruido.

Llegamos a uno de los pocos lugares de la ciudad donde quedan vestigios del muro. Otra cosa impactante.

El muro.

Antes que nada tengo que decir que reconozco que no soy una persona muy culta en algunos aspectos, la información de los hechos históricos se me va por agujeritos que hay en mi memoria. Los por qués de los conflictos o las idas y venidas políticas y sus consecuencias no son algo que pueda recordar fácilmente. Leo y re leo porque me interesa muchísimo, pero luego solo me quedan vagos recuerdos de lo que leí. Creo que para entender la historia del mundo no se puede estudiar un hecho puntual sin conocer todo su entorno histórico, político y social, entonces, para terminar de entender el ‘por qué’ y el ‘cómo’ habría que remontarse a hechos cada vez más atrás, es todo como una cadena, sobre todo con las guerras. Incluso así, a la mayoría no les encuentro el quid de la cuestión. Todo parece tan insignificante comparado con las consecuencias…

El muro se ve como un muro normal. Barato. Un muro como el que separa el baño de mi habitación, que se escucha cuando tiran de la cadena y cuando alguien se lava las manos. Tiene como una pieza de hormigón redonda arriba y nada más. Resulta que esta pieza era deslizante por lo que hacía que costara más treparse, cuando había alambre de púas la gente se trepaba usando alfombras o telas gruesas para no clavarse el alambrado. Os recomiendo el documental de History Channel sobre el tema, está todo muy bien explicado y allí se puede ver cómo evolucionó el muro, hasta el punto que derribaron casas que estaban cerca del muro -del lado Este, claro- para agregar zonas con minas, perros, cercas electrificadas y demás. El muro evolucionó hasta dejar de ser simplemente un muro, siendo cada vez más ancho y contando con una parte externa, una interna y varias barreras entremedio.

Allí también está, en el lugar donde antiguamente estaban las oficinas centrales de las SS y la Gestapo (edificios que se destruyeron al final de la guerra), la “Topografía del terror” que es algo así como una exposición fotográfica y documental, donde se explican de forma cronológica los crímenes cometidos por las SS. Afuera hay una serie de fotografías, líneas de tiempo y mapas que explican un montón de cosas sobre el adoctrinamiento nazi y la evolución del partido, algunas acompañadas de audio, con discursos de Hitler, etc. Como en el tour tampoco nos quedamos a verlo a fondo, al día siguiente volví. Lo recomiendo también, y también es gratis.

berlin topografia terror

Topografía del Terror, el muro, y detrás lo que hoy es el Ministerio de Finanzas, antiguamente el Ministerio de Aviación del Reich o “Reichsluftfahrtministerium” O_O

No iba a entrar pues pensé que la exposición eran solamente esas fotos de afuera, pero me dieron ganas de hacer pis y como dicta el mandamiento #14 del viajero (el número me lo inventé, quizás algún día haga un listado real jaja): “Mearás donde puedas”. Así que me aventuré y entré como perico por su casa. Digo esto porque soy uruguaya y me cuesta ir por lugares del mundo de este estilo y que no cobren entrada, por eso a veces me da reparo entrar, y no sé si me mando y me meto me va a parar un seguridad o algo así jajaja.

Los baños estaban muy limpios (hice un minibaile) y pude despacharme a gusto. Mear cuando se viaja no es fácil, por lo menos no lo es para mí, llevo una mochila con un paraguas, una botella de agua, un neceser, un abriguito extra, una riñonera donde llevo las cosas más importantes como el pasaporte, el dinero, la cámara, etc, luego si es invierno llevas abrigo, bufanda, gorro, guantes… Así que si el baño estuviera sucio y no pudieras apoyar cosas en el suelo y no hubiera gancho en la puerta, estarías jodida. Y sí, llevo RIÑONERA, y qué? Jaja.

Gracias a que entré al baño descubrí que la exposición era más grande que solo lo de afuera y me quedé allí más tiempo de lo que pensaba. Otra vez más…Sentimientos tan difíciles de expresar. Para cualquiera de vosotros que tenga capacidad de sentir empatía os aviso que en Berlín tendréis una revolución de emociones.

Me gustó mucho” es una de esas frases que visitando cosas relacionadas a una guerra cuesta decir. Porque te gustó, claro, es muy interesante y el nivel de aprendizaje es muy alto, pero ¿Cómo se ha de referir uno a estas cosas? ¿Es moralmente aceptable decir que “me gustó”? No lo sé…

Más adelante en el tour llegamos al Check Point Charlie. Este lugar es bizzarro (síii, ya sé que en realidad ‘bizarro’ no significa ‘raro’ pero para mí sí). No sé cómo describirlo de otra forma. El Checkpoint Charlie es uno de los lugares de paso que había en el muro. Es famoso porque durante los primeros tiempos del muro hubo un enfrentamiento entre tanques de EEUU y la URSS que casi casi termina desatando la Tercera Guerra Mundial. Hoy en día hay toda una parafernalia montada con la caseta militar, una barrera de paso y uno o dos “soldados” que están allí parados y con los que la gente se hace fotos. Se supone que sigue exactamente igual que cuando estaba el muro. Lo más llamativo para mí es que aún hoy en día aún hay un increíble contraste entre un lado del muro y otro. El muro no está, pero algunas barreras al parecer permanecen inamovibles en el tiempo. Para un lado del muro, el lado Oeste, está el capitalismo en su máxima expresión. Un montón de tiendas, Mc Donalds, Subway, todo con carteles super cantones, muchos colores… Del otro lado del muro en términos comerciales no hay mucho nada.

checkpoint charlie berlin

Checkpoint Charlie con su actor-soldado.

El tour termina en la Bebelplatz, donde se encuentra la que se conoce hoy en día como la Biblioteca Estatal de Berlín. La Bebelplatz así como muchos de los lugares de Berlín se hizo famosa por algo feo que pasó ahí, pues fue ahí mismo que tuvo lugar la quema de libros llevada a cabo por los nazis, donde se cargaron aproximadamente 40.000 ejemplares. Indiana Jones estuvo allí, se acuerdan? (Resulta que hay tremendo fail, porque en La Última Cruzada Indy está allí en el ’38…Pero se lo perdonamos porque la peli es épica, y porque yo soy una friki).

Berlín es una ciudad que hoy en día tiene aún expuestas las cicatrices de su pasado, las muestra, no está avergonzada de ellas, dice que no tiene nada que esconder pero que quiere seguir adelante. Es inspirador.

Decidí que mis días allí debían ser días de darme de cara contra toda esta parte de la historia, hacerle frente, saber para no olvidar.

Al día siguiente hice el tour al campo de ‘trabajo’ de Sachsenhausen. Allí conocí a los dos argentinos que co-protagonizan la historia del Holen, los Tomaten y los Gladiolen. De ello os contaré en mi próxima entrada (los tengo en ascuas ehhh?)

El crédito de las fotos va para Gianni: Especial agradecimiento, por eso y por mucho más.

 

Nota: Al momento de publicar este post me doy cuenta lo mucho que “The Walking Dead” ha arruinado en mí la palabra “walking”.

3 pensamientos en “Berlinen Queriden Parte 2: El walking tour.

  1. JC

    Muy bueno, Meli! Cada vez mejor. Totalmente de acuerdo, es un destino para reflexionar y concientizar. Historia reciente pura. Lo que sí, no recordaba el temita de la riñonera. En Argentina se dejó de usar en el 97, pensalo.

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