Berlinen Queriden Parte 3: Sachsenhausen, los tomaten y los gladiolen.

Lo que me pasó en Sachsenhausen fue muy similar a lo que me venía pasando en Berlín, pero elevado a la décima potencia.

Venía yo de haber renunciado a mi trabajo, de haberme sentido oprimida y con miedo mucho tiempo. Miedo de que me echaran, miedo de ‘qué voy a hacer si me echan?’, miedo de irme yo, porque ‘qué voy a hacer si me voy?’. Miedo a hablar, a callar, de si digo porque digo y si no digo ¿por qué no lo dije?…De hacer, dejar de hacer… Llegué a un punto en el que tenía miedo de todo.

En Sachsenhausen me imaginaría el miedo de una perspectiva totalmente diferente, lo que me haría reflexionar sobre las cosas de la vida y su magnitud. Me vino como anillo al dedo.

En el año 1933 el pueblo de Oranienburg albergó uno de los primeros centros de detención del régimen nazi. Más adelante, en 1936 sería sustituido por el campo de concentración de Sachsenhausen en el que murieron aproximadamente 100.000 personas, o al menos esas son las cifras oficiales.

Mucha gente me ha preguntado por qué he ido. ¿A ver qué? Hay gente que me dice “yo ni loco voy ahí”, o cosas por el estilo. Si habéis leído mi post anterior sobre Berlín habréis leído la cita de Eisenman sobre el pasado y la memoria. Este señor explicó perfectamente el motivo por el cual decidí que visitar un campo de concentración era algo que quería hacer, como opuesto a algo que no querría hacer. Sé que es redundante y evidente lo que estoy diciendo, pero no es una actividad banal que uno diga “mmm, si, luego de tomar un café me iré al campo de concentración a dar un paseo y tomar el sol”, requiere de un mínimo de consideración, no sé si me explico.

El viaje hasta Oranienburg son unos 45 minutos desde la Plaza de París y luego hay que tomar un bus para llegar a Sachsenhausen. La entrada es gratis, y hay visitas guiadas con un precio bastante accesible, también las hay en español. Yo sugeriría antes de ir buscar en la web horarios, precios, etc.

Cuando se entra al campo se hace el ‘recorrido del prisionero’, es decir que te llevan por el mismo sitio que entraban los reclusos cuando llegaban. Al entrar los clasificaban, separaban los que ‘servían’ para trabajar de los que no, ya sea por estar enfermos, porque al guardia no le gustó la cara o porque vaya uno a saber. Algunos se convertirían en sujetos de experimentos médicos.

En el campo se ven muchas cosas que uno ya sabe que va a ver, vamos, que el que no sepa lo que hay en un campo de concentración no vio un documental o una película en su vida, así que si se va, ya se sabe uno más o menos lo que se va a encontrar: Torres de control, rejas, muros, alambres de púa, los barracones donde la gente estaba hacinada, celdas, más muros y lugares “detrás de esos muros” a los que era mejor que no te tocara ir…

Lo que no sabes cuando llegas ahí es lo que vas a sentir, porque eso no te lo puede decir ningún libro, ningún guía ni ningún blog. Tienes que experimentarlo. En un tímido intento de transmitir sensaciones, contaré cómo lo viví yo:

No he conseguido aún clasificar mis creencias espirituales. No creo, pero creo que hay cosas que no sabemos. Soy científica pero no rotunda. Soy escéptica para algunas cosas pero para otras no… Creo que básicamente me dejo llevar por mis instintos. Hay cosas que mi yo interior me dice: “… Acá hay algo que no cuadra, esto no puede ser TODO lo que hay en el universo…” Mientras que hay otras cosas que mi yo interior me dice -muy uruguaya ella- “esto es un bolazo! No des bola!”. (“Bolazo” está en la RAE!!! Cada día me sorprendo con algo nuevo).

Pero algo que sí creo y que creo que es científicamente sustentable es el tema de las energías. Todo está hecho de energía, la materia incluida, entonces, ¿quién nos dice que los lugares, las personas, o incluso las cosas no puedan transmitir una energía determinada? ¿O tener una energía ‘residual’? Puede que también sea el poder de sugestión, en estos rodeos sabemos tan poco que todo “puede que” todo.

La energía de este lugar es determinada. El clima no ayudó a que me llevara una impresión diferente tampoco. El cielo encapotado, fresco tirando a frío y luego unas gotas de llovizna. Si se consigue dejar a un lado los grupos de personas que se ven con sus ropas de colores y sus pintas innegables de turistas del siglo XXI, si por un momento en tu campo visual no hay nadie, es muy fácil imaginarse lo que habrá sido estar ahí en ese entonces. Ahora saquémosle el abrigo. Saquémosle el café con leche caliente que me tomé esa mañana. Saquémosle la comida. Saquémosle los derechos y la libertad. Saquémosle la esperanza. No, no es tan fácil imaginarse nada. Mejor me callo.

sachsenhausen berlin

La entrada a Sachsenhausen. El día y el entorno gris.

Alegrando un poco el tinte de este post, os cuento que en esta excursión a Sachsenhausen tuve la suerte de coincidir con dos personajes que hicieron mi visita a Berlín -si cabe- aún más interesante. Más adelante, la vida me daría la alegría de ponerlos de nuevo en mi camino un océano más lejos de donde nos conocimos. Es lo que tiene ser ciudadana del mundo.

Esto de viajar sola tiene sus ventajas, está claro! Para mí, una de las primeras es el nivel de receptividad. Estoy super abierta y dispuesta a conocer gente, charlar, tomar iniciativas que en mi ciudad, en el metro, en el bus, o caminando por la calle no tomo. También en un lugar nuevo me fijo en los carteles, los cartelitos, las etiquetas, la caca de perro, la basura, el basurero, el charco, las hojas, el señor, el semáforo (mira! tiene un muñequito!). Absolutamente todo. Qué curioso. (Esto ha empezado a cambiar desde que inauguré el blog!)

Gianni y Javi -alias ‘JC’ como el de N’sync- estaban en el grupo que se reunió en la Plaza de París para ir a Sachsenhausen. Ellos habían hecho el free walking tour con la misma empresa que yo pero con otro guía y habían decidido igual que yo ir a Sachsenhausen. Ellos argentinos, yo uruguaya: Nos une la forma de hablar, el humor y la distancia a casa, así que enseguida nos ponemos a charlar.

En nuestro grupo iba también una pareja de señores…’mayores’? Que estaban haciendo un viaje por Europa en bicicleta, durmiendo a veces en hostels y a veces al costado de la carretera. A los lugares que no podían ir en bici iban en tren, unos cracks. La cuestión es que en un momento a solas con Gianni y JC nos surgió la duda de qué edad tenía esta encantadora pareja, ninguno se animaba a preguntar (por qué ese tabú con la edad???). Aquí, la discretita dijo “quédense tranquilos que yo lo averiguo”.

La conversación en los siguientes 45 segundos fue algo así:

– Señora: Porque anoche en el hostel cocinamos pasta con verdu…

– Yo: Che “nombre de la señora” decime una cosa, ¿cuántos años tenés vos?

– Señora: ¿Yo? 64, ¿por?

– Yo: Quéeee?!!??! 64!!?!?!? Naaah, no parecés ni ahí de 64!!! Te preguntaba por eso, porque para mí eras super joven y escuchaba cómo hablabas de tus nietos y eso…

-Luego me deslicé discretamente hacia la pared hasta mimetizarme con el empapelado-

Soy un AS de la discreción.

Ahí me gané la amistad de Gianni y JC. Digamos que fue algo así como una de esas pruebas para entrar en las sociedades secretas, como en las películas. Pasé. Ellos no me miraron a la cara como por diez minutos para no reírse, más tarde me enteraría que no se podían creer la cara dura que tengo. Tiene sentido, todavía no me conocían. Debería presentarlos con mi amiga Majo así ella les explica mejor de qué va la cosa que tiene experiencia.

Así fue como luego de volver de Oranienburg nos fuimos a pasear por Berlín juntos. Quiero ilustrar esta situación lo más fidedignamente posible, imagínense: Dos argentinos y una uruguaya, agotados de viajar (léase: acostarse tarde-levantarse temprano-estar en la calle-caminar caminar caminar) leyendo palabras en alemán e intentando interpretar ALGO.

Para un sudamericano hispano parlante  visitar países donde se habla otro idioma que no sea portugués o inglés es una experiencia bastante novedosa. Al inglés estamos acostumbrados, recibimos desde pequeños un bombardeo en los medios de todo: Música, películas, series, slogans que no se traducen… Y el portugués porque hayamos ido o no a Brasil, Brasil está ahí, es un país hermano y su idioma no nos resulta un choque cultural tan grande como escuchar por ejemplo Holandés o cualquier otra lengua sajona. No pescás ni una palabra, ni una.

Bueno, sabiendo inglés algunas cosas se deducen, pero otras… Aquí cabe hacer una mención a cuando pensé que el nombre de mi enlace en la estación de tren era “Ausgang”.

”Ausgang” en alemán significa “salida”.

Para nosotros -es que éramos muy listos- todo en alemán se decía igual que en español pero terminando en “-en”. Por esta regla, auto sería ‘auten‘, comida sería ‘comiden‘, y tengo hambre se transformó rápidamente en ‘tengo hambren‘.

Con la bromita estuvimos toda la tarde…Fuimos de compras, para ellos era mucho más barato Europa que Argentina, y además se encuentran cosas que allá no, como pajaritas de tela escocesa por tres euros. Así que entramos a varios lugares: Una gran tienda departamental, a un Adidas buscando algo que no encontramos y a una tienda H&M. En H&M se compraron algunas cosas, y cuando JC fue a saludar al cajero le dijo “Holen, qué tal?”. “Holen”. Y después me decían a mí que no tenía verguenza al preguntarle a la señora del tour que cuántos años tenía! Qué fuerte. El pobre cajero no entendió nada, pero fue super amable igual. Cortesía alemana.

Resulta que el alemán sí es difícil, dificilísimo, pero hay palabras que son casi casi iguales en español (‘holen’ NO ES UNA DE ELLAS). Si algún día os queréis divertir con esta bobada, os podéis fijar en el traductor de Google, que tomates es “tomaten” y bananas es “bananen”… Después de todo no estábamos tan equivocados! ¿Quizás el cajero no era alemán?

En nuestra pequeña aventura en Berlín no tardamos en convertirnos en turistas en toda regla, de esos que van por la calle asombrándose de todo, sacándose fotos con todo y riéndose con todo. ¿De los insoportables? De esos. Imagínense nuestra reacción cuando en un supermercado vemos esto:

gladiolen berlín

Los gladiolen.

Gladiolos!!!

No espero que lo entendáis del todo, al fin y al cabo este post es un poco como cuando cuentas algo gracioso que te pasó, nadie te entiende y luego añades: “Es que hay que estar ahí…”.

Había que estar ahí.

Caminamos por el Unter-der-Linden (o como lo traduzo yo: ‘el bulevar de los lindos’), nos comimos un curry-wurst en un restaurante de decoración marítima que lo último que vendía era pescado -no pregunten-, nos sacamos fotos con un oso, comimos wok y vimos la bola de cerca! -Hola mamá, estoy en la tele!-

Santa maria y tv tower berlin

La iglesia de Santa María y LA BOLA.

Nos divertimos mucho, para mi fue muy especial. La verdad que viviendo en Barcelona tengo mil cosas que agradecer y valorar, pero hay otras que me faltan porque no es acá donde están mis raíces, mis raíces están en el Río de la Plata. Compartir el sentido del humor, las expresiones, los gestos…Este tipo de conexión que existe solo con quien viene del mismo pago que una, y que se intensifica cuanto más lejos de casa estás.

El oso.

El oso.

El oso se convertiría en nuestro nexo, como las historias tienen un hilo conector nosotros tenemos un oso. Un oso nos encontraría meses después en Buenos Aires. Resulta que si se presta atención hay más osos de lo que uno se imagina, si se presta atención hay más de todo de lo que uno se imagina, como amigos en el camino, uno no se imagina nunca que los va a encontrar pero después resulta que ahí están, comiendo tomaten con unos gladiolen en la mano.

 

Nota: El crédito de las fotos de este post va para Gianni, LA SALVACIÓN!

4 pensamientos en “Berlinen Queriden Parte 3: Sachsenhausen, los tomaten y los gladiolen.

  1. JC

    Muy buena narrativa, tanto para explicar las experiencias más fuertes como las cómicas. El blog va tomando forma y me encanta. Me gustó mucho que hayas cortado a Gianni en la foto y cómo olvidar la anécdota de la edad de la señora =). Siga así.

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    1. Ciudadana del Mundo Autor

      Gracias Javi!!! Qué lindo lo que me decís!
      A Gianni la corté de la foto por respetar su privacidad, en el pie de foto le propongo poner la foto entera, espero lo haya visto!
      Gracias por el apoyo, un abrazo!

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  2. Gianninen

    Hola amiguen, muy bueno el post, muchos recuerdos! faltó la cara de culo del guía y el enojo del señor de los wurst cuando nos reíamos de la señora cortando papas y de las preguntas de su decoración marítima. Mal ahí cortándome en la foto, lo voy a tener en cuenta! jajajaaja nahh gracias por cuidar mi imagensa y privacidad.
    Hasta el proximo posteo!

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    1. Ciudadana del Mundo Autor

      Jajajja, iba a ahondar más en el tema del restaurante ‘marítimo’ pero ya se me había hecho largo el post. Al guía le perdonamos la cara de cu porque era lindito.

      En realidad lo de la foto no fue por tu intimidad, fue porque no tenía ganas de contactar con tu manager y tu publicista para pedir permiso.

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