Acosada en Bruselas: El Manneken Pis y los Gofres.

– No, no quiero ver una estatua de un nene meando.

– La vas a ver, es imposible no verla, está AHÍ!

Esta conversación se repitió varias veces con personas diferentes en los días anteriores a mi partida a Bruselas. Qué razón que tenían.

El centro de Bruselas es un lugar no muy extenso, lleno de calles y callejones muy lindos de recorrer.

Chocolate, chocolate por todos lados y en cantidades industriales. Tabletas, tablotas, bombones, fuentes de chocolate, muñecos de chocolate, herramientas de chocolate, chocolate caliente, chocolate blanco, negro, con leche, de todas las formas. Pero el chocolate era algo que sí quería encontrar en mi viaje a Bruselas por lo que no me sentí acosada por ‘él’.

El Manneken Pis es otra historia. Vaya estatua pedazo de basura. Lo siento si ofendo a alguien, pero es la verdad. La única razón por la que lo ví fue porque me sentí atraída por una pintada de Tin Tin que hay en un edificio al principio de la Rue de l’Etuve donde está el bendito Manneken Pis.

Tin Tin Bruselas

Tin Tin por las calles de Bruselas.

 

¿Qué mierda es el Manneken Pis? No tenía ni idea! Pero desde que se llega a Bruselas hay un bombardeo atómico con la imagen semi cupidesca de esta estatua que en mi opinión es…Hum…Un poco perturbadora.

Es una representación de un niño, en pelotas, meando. Y encima es super pequeño y hay un montón de gente apiñada alrededor matándose por tener una buena foto, o incluso una foto ‘con él’. Atenti que también existe la versión femenina, me rehusé a ir a verla.

manneken pis_2

El Manneken Pis real.

El Manneken Pis me acosó. No quería verlo y no me quedó otra. Está por todos lados. Está en carteles de comercios, en estatuas de chocolate, en pegatinas y graffittis por la ciudad, en el aeropuerto, en las tiendas de souvenirs…Hay hasta sacacorchos en los que la pichita del Manneken Pis es el sacacorchos en sí. Perturbador, se los dije.

Al momento de escribir este post me arrepiento de no haber fotografiado TODAS las cosas que ví con el Manneken Pis para que pudiérais entender hasta qué punto llega el amor por esta estatuita de morondanga. La inspiración para los posts me llega tarde.

manneken pis_1

Manneken Pis de chocolate…

Lo mejor de todo es que hasta el día de hoy se desconoce su verdadero origen. Hay varias versiones. En la página de turismo de Bruselas dice que la estatua tenía un rol fundamental en la distribución de agua potable por la ciudad, allá por el siglo XV -vamos, que era el clásico bebedero-. En otros sitios web se habla de varias leyendas populares, ya que la estatuilla existe desde el 1300 y pico, es evidente que habrán mil versiones sobre su procedencia: Se habla de que el Duque-niño Godofredo meó sobre las tropas enemigas que luego perdieron la batalla, o de un niño perdido que encontraron haciendo pis y sus padres decidieron hacer una estatua para recordar ese maravilloso momento en que perdieron a su hijo y luego lo encontraron meando en algún rincón de la ciudad (?).

Sea cual fuere, Hugo -el uruguayo del hostel- tenía toda la razón: Es un símbolo de la ciudad, y es importante para sus habitantes. No encuentro otra explicación a que haya tanto ajetreo alrededor de algo tan insignificante. Pero hey, es Bélgica, la tierra de la gente con carácter, y si quieren tener una fuente con un perturbador niño meando y vestirlo con trajes típicos cada tanto, no les vamos a decir que no.

Los Gofres -o Waffles

Otra cosa que me acosó total y descaradamente fueron los gofres. No me interesaba comer gofres. En Barcelona tenemos gofres, de hecho cerca de Portal del Ángel está ese sitio que siempre tiene cola y en el que estoy casi segura tienen un extractor que larga chorros de aire con potencia hacia afuera para que huelas el olor a gofre a tres calles de distancia, o el puesto que está cerca del Maremagnum. Nunca comí un gofre en ninguno de los dos, no es algo que me llame particularmente la atención. O no lo era.

Gofres, gofrerías, gofres con montañas de cosas encima, gofres como postre en los menús, gente que habla de gofres, que me pregunta si he comido ya un gofre… Pero por sobre todas las cosas, las que más me acosaron fueron las furgonetas o camionetas de gofres.

furgoneta_1

Gofres en el Palacio Real.

furgoneta_3

Gofres por el centro.

furgoneta_2

Más y más y más!

furgoneta_5

Hasta le veía cara a las furgonetas!

Llegó un punto que mi paranoia era tal que no sabía si es que habían varias furgonetas iguales o era la misma que me seguía por todo Bruselas. Quiero representarlo con este video del gato que acecha (se pone bueno a partir del segundo 40):

 

En mis días en Bélgica conocería algunas personas que harían mi viaje mucho más interesante, como la ucraniana del hostel que me regaló unos chocolatitos diciendo que ‘el chocolate ucraniano es mucho mejor, pero nadie lo conoce’, o la holandesa que había ido a un concierto de Queen que cancelaron esa misma noche. Gente de Barcelona con la que casualmente compartí avión de vuelta a casa, y gente de Santander: Un grupo de chicas entusiastas del selfie stick que me llevaron por el mal camino a tomar cerveza y comerme un gofre. Ninguna de estas cosas fue idea mía y sentí que me obligaban a hacerlo. Si lo piensan bien, en realidad fui una víctima. Eso. Fui una víctima de malas influencias…Jeje.

Gofres en Bruselas.

Gofres en Bruselas.

No me quedó otra que comerme el maldito gofre. Espero que me entiendan, lo hice total y completamente en contra de mi voluntad, por un lado por la presión a la que me ví sometida, y por otro porque sentí que si no lo hacía estaba faltando a mi obligación como turista y como blogger. Si no comía uno (o dos…) ¿cómo iba a explicar en mi blog si vale la pena o no comer un gofre?

Sería una blogger sin fundamentos, está claro.

Con Nutella y con chocolate y fresas.

Con Nutella y con chocolate y fresas.

Luego de una durísima lucha interna de 0,2 segundos me auto convencí de que era lo que había que hacer, por mi integridad física que se veía comprometida con tanta presión por parte del grupo de santanderinas y las furgonetas, y por el bien del blog, por supuesto.

O el gofre tradicional. Mmmmmm :)

O el gofre tradicional. Mmmmmm 🙂

Ahora fuera de bromas: Vale la pena. Os recomendaría hacer lo mismo que yo: Comer uno lleno de cosas, pero también probar uno solo.

Si tuviera que elegir uno, elegiría el que no tiene nada, es decir el gofre pelao’. Está buenísimo. Además, según me explicó mi compañero de piso belga, el tema del gofre lleno de cosas por encima es un ardid turístico: Tradicionalmente no se comen llenos de veinte capas de banana, crema, fresas y chocolate. Eso es para satisfacer las mentes gordas y golosas de turistas irrespetuosos de las costumbres locales como una servidora que se clavó uno con fresas y chocolate y sintió decepción al ver que el ‘chocolate’ no era nutella sino que sirope de chocolate. ¿Qué clase de persona tiene estos pensamientos? Se preguntarán… La misma que se cae por unas escaleras por darse vuelta a preguntar de dónde viene ‘ese olor a croissant’.

Podría deciros que en alguna ocasión ampliaré la anécdota pero es que no hay más que contar: Me caí por unas escaleras por girarme a preguntar de dónde venía ese olor a croissant. Punto.

Pensándolo, estoy muy orgullosa de que esa sea la forma en que me caí por una escalera, creo que en parte me define a la perfección.

Nos vemos pronto con más relatos sobre mi visita a Bélgica!

Instagram

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *